Memorias moriscas en Distriz

felipe aira MONFORTE

LEMOS

Iglesia y cementerio parroquial de Distriz, en el que están enterrados Manuel Rodríguez de Blaboa y su esposa, Luisa Francisca Abdalar
Iglesia y cementerio parroquial de Distriz, en el que están enterrados Manuel Rodríguez de Blaboa y su esposa, Luisa Francisca Abdalar CARLOS RUEDA

La parroquia monfortina guarda recuerdo de dos peculiares historias de distintas épocas protagonizadas por mujeres de origen musulmán

10 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En los años treinta del siglo pasado fue muy comentada en la sociedad local una singular historia de amor entre una mujer musulmana y un militar monfortino que vivían en la parroquia monfortina de Santo André de Distriz. Una historia real que bien pudiera pensarse fuera ficción o el fruto de algún encanto de la famosa hechicera y adivinadora que, según la tradición popular, ta,bién vivió en esa parroquia durante el siglo XVII. A la meiga de Distriz recurrían desde gentes sencillas hasta los propios señores de la población.

De esas dos historias la más reciente arranca cuando, durante su estancia en Marruecos, un joven legionario monfortino conoce allí a la que luego sería su mujer. Según rememoran vecinos de Distriz, era una tangerina culta y muy hermosa. Ya ascendido a sargento, el militar monfortino regresaría con ella a su tierra natal, donde la convertiría en su esposa. Luisa Francisca Abdalá -que fue el nombre adoptado por la musulmana tras su llegada- y Manuel Rodríguez Balboa contraen matrimonio por el rito católico después de que la mujer abjurase de su religión.

Su esposo había renunciado a su vez a seguir en el ejército para instalarse definitivamente en Distriz, donde ambos trabajaban en las tareas propias del día a día en un enclave rural. El destino no quiso bendecir este amor con descendencia, según cuentan en esa parroquia. Algunos siglos antes, muchas mujeres acudían por ese motivo a la casa de la adivinadora de Distriz, de cuya leyenda habla el que fuera cronista oficial de Monforte, Manuel Hermida Balado, en el libro La VII Condesa de Lemos y la Corte de Felipe III.

La prueba de la piedra

La meiga de Distriz poseía una pequeña piedra con la que prensaba las hierbas que utilizaba para sus pócimas contra la esterilidad. Se decía que la mujer que acudía a la bruja deseando tener hijos, después de haberlo intentado infructuosamente, debía posar una de sus manos en la piedra hechizada. Si la piedra se movía sin hacer fuerza, era señal de que podía quedar embarazada después de tomar uno de esos brebajes.

Para que pudiese conseguir descendencia era necesario además que la mujer se aplicase alguno de los remedios que preparaba la adivinadora. La curandera les hacía ingerir en una noche de plenilunio, y al menos una hora antes de consumar el acto sexual, un preparado elaborado con hierbas maceradas que habían sido prensadas con la mencionada piedra. El preparado se cocinaba al fuego, alimentado eso sí con leña procedente de encinar de la vecina parroquia de Mañente que ella consideraba sagrado. No valía otra madera ni otras procedencias.

Fuente de Augas Santas —en una foto anterior a la construcción del nuevo balneario—, cuya agua utilizaba la adivinadora de Distriz
Fuente de Augas Santas —en una foto anterior a la construcción del nuevo balneario—, cuya agua utilizaba la adivinadora de Distriz ALBERTO LÓPEZ

De la fuente de Augas Santas

Tampoco se podía utilizar un agua cualquiera en su preparación: las hierbas debían cocerse obligadamente con el agua curativa de color de cobre que emanaba del vecino manantial de la parroquia de Augas Santas, en Pantón. Si la desposada mantenía la mano sobre la piedra sin que se moviese, significaba que era infértil y ya era inútil recurrir al preparado.

Según fuentes versadas en esta leyenda, la hechicera de Distriz pasaba por hija de moriscos procedentes de Castilla, descendientes de los musulmanes españoles obligados a elegir entre conversión o exilio. Ambas musulmanas, la meiga y Luisa Francisca Abdalá, forman parte por motivos muy diferentes de la historia y tradiciones de esta secular parroquia monfortina. Tomás Andrade de Aranda, sacerdote originario de San Martiño de Piñeira que fallece a comienzos del siglo pasado casi centenario, fue uno de los que mejor y mayormente transmitió esta tradición de la adivinadora hechicera de Distriz relatando experiencias de la bruja que se habían transmitido de generación en generación había llegado hasta nuestros días. Andrade fue ecónomo, vicario y presbítero de A Régoa, párroco de Vilamelle y arcipreste de Ferreira de Pantón.

Tumbas separadas para Rodríguez de Balboa y Luisa Francisca Abdalá

De la historia del monfortino y la tangerina se guarda hoy memoria en la parroquia monfortina, donde reciben descanso eterno. Ambos fueron enterrados en sepulturas en la tierra y cuando los descendientes del militar levantaron el panteón familia solo trasladaron allí los restos de Manuel Rodríguez Balboa. De todo ello nos da cuenta en la actualidad, curiosamente, emparentado con la más relevante familia judía conversa monfortina, de apellido Gaibor.

José Antonio Orozco, vecino de la parroquia de Distriz, es descendiente -según acreditan documentos y árbol genealógico- de Juan de Gaibor, que a finales del siglo XV fue tronco de un destacado linaje que llenaría destacadas páginas de la historia local. Su hijo Jorge de Gaibor, relevante comerciante, fue regidor de la villa monfortina. Pese a su relevancia social, acusado de judaizar, sufrió una persecución sistemática -que se haría extensiva a sus descendientes- por parte de los miembros del Santo Oficio de la Inquisición. El nombre de los Gaibor está asociado a leyendas locales como el Cristo de la Colada o el Cristo de los Azotes, siglo XVI.

Los Gaibor y los Orozco se unen a finales del siglo XVII. De Juan de Gaibor, el tronco de la familia, hereda su hijo Jorge de Gaibor casado con Violante de Valencia y perseguido por el Santo Oficio. Su hijo Juan de Gaibor se casa con Marina de León y tienen como descendiente a Sebastián de Gaibor, casado con Isabel Coronel. De esta pareja hereda su cuarto hijo Luis, por no tener el primogénito Jorge sucesión de matrimonio y al fallecer el segundo y tercer hijo.

Gaibor y Orozco

De Luis de Gaibor es heredero el licenciado Antonio de León casado con Antonia de Monroy. Ambos tuvieron un hijo llamado Pedro. Al casar Pedro de Gaibor con doña Jacinta Orozco entroncan ambas familias. Jacinto de Gaibor y Orozco fue el primero que llevó ambos apellidos, siendo su heredero Felipe de Gaibor y Orozco, que casaría con Francisca López.

José Antonio Orozco, eslabón reciente de esa cadena, nos relata la historia de amor que se desarrolló en su parroquia entre un militar monfortino y una tangerina. Tuvo como escenario el mismo lugar donde se guarda memoria de una adivinadora y hechicera descendiente de moriscos, la conocida como adivinadora de Distriz.