Roberto González, un icono del Lemos

El jugador estuvo 14 temporadas en el club y jugó en el Compostela en la Segunda División B


monforte / la voz

Roberto González es toda una institución en el Club Lemos. Junto a Cabanelas, el monfortino es uno de los jugadores que más año defendió el escudo del club local. Fueron 14 temporadas, divididas en tres etapas. Uno de los paréntesis se produjo cuando fichó por el Compostela. Lo hizo con tan solo 21 años, convirtiéndose así hace 37 años en una de las últimas operaciones del cuadro monfortino. Fue uno de los últimos canteranos en dar el salto a Segunda B.

Pero la historia de este gran futbolista pudo cambiar, y de hecho pudo formar parte de aquella Quinta del Buitre que maravilló en España con el Real Madrid, y que conquistó cinco ligas consecutivas. González hizo dos pruebas por el club blanco, y todo vino a raíz de un partido que disputó con el Calasancio en la capital de España.

«O daquela coordenador da canteira do Madrid, Malvo, falou co entón presidente do Calasancio, o Padre Mateo, e díxolle que quería que probase por eles. Estiven unha semana e coincidín con Míchel e Pardeza, e os adestradores eran Grosso e Grande, pero o tema non saíu, porque me faltou un representante ou unha persoa que me aconsellase», dice Roberto.

Semanas después, Malvo se puso en contacto con él y le ofreció disputar una gira internacional con el juvenil del Real Madrid, pero finalmente esta se canceló. La siguiente oportunidad que se le presentó fue con el Sporting de Gijón. Fue a realizar una prueba a tierras asturianas, donde estaba Biesca -allí estaba el portero de O Saviñao, Javier-, pero no se cerró la operación, porque el Calasancio le pidió al Sporting 300.000 pesetas. «O Sporting non pasaba por iso, e o meu pai para que se fixera a operación estaba disposto a pagalas do seu bolsillo. Finalmente, non se concretou nada», añade.

Volvió a probar por el Madrid meses después, pero en esa segunda ocasión, las cosas no le saliero bien. Antes de fichar por el Compostela tuvo encima de la mesa una propuesta del Deportivo, pero tampoco se concretó la operación. La culpa la tuvo el presidente del Lemos, que se descolgó pidiendo 1.000.000 de pesetas al club herculino.

Sus inicios

Roberto comenzó a jugar al fútbol a los 12 años en el Restreba, equipo de barrio que competía en la liga local. Su primer técnico fue Jopi. Ahí ya destacaba, lo que provocó que el Calasancio se fijara en él. Al club estudiantil pasó de la mano de Pibe y Coutado. Tenía 13 años, y también entrenaba con el Independiente.

En el club estudiantil lo bordó. Con tan solo 15 años ya jugaba en el primer equipo. Fue clave en su ascenso a la Liga Nacional de Juveniles, categoría en la que se enfrentó a rivales de la talla del Castilla, Sporting y Santander. «Foi a miña rampa de lanzamento», dice.

Con 18 años dio el salto al Lemos de la mano de Pepe Martínez Coutado. Eso sí, el Calasancio facilitó su salida con la condición de que si jugaban la fase de ascenso regresara al equipo para ayudarles. Así fue, aunque en esta ocasión no hubo ascenso.

Sus inicios fueron como delantero, aunque con 30 años se reconvirtió en defensa. «O meu ídolo de xuventude era Amancio, que ademais ten o mesmo apelido que teño eu. Prodigábame como extremo. Nunca fun de moita resistencia, pero a velocidade era o meu. Gustábame regatear co balón e máis asistir que marcar», afirma.

En las dos primeras etapas que estuvo en el Lemos tenía una media goleadora en Tercera División de 17 tantos. Precisamente, eso fue lo que provocó el interés del Compostela. Debutó con el equipo santiagués en el Mini Estadi ante el Barcelona Atlético. Solo estuvo una temporada. Disputó 21 partidos como titular. Se fue del equipo por cuestiones económicas.

Antes de fichar por el Compostela tenía un acuerdo con la Cultural Leonesa, pero por mediación del técnico del Lemos, Joel Castro, que marcó su carrera, se fue a Santiago. Jugó en el Foz dos meses, y su aportación fue clave para la permanencia.

Defendió el escudo del Quiroga, equipo en el que tuvo como entrenadores a Nando y a Carlos Vivero. Fue este último el que lo reconvirtió a defensa. «Nun partido só tiñamos de central a David, e ofrecinme a xogar atrás, e aí quedéi», asegura.

Sus últimos años los pasó en el Lemos. Jugó su último partido con el equipo ante el Viveiro, y marcó un gol. «Recordo a ovación que me deu a afección, así como un home que era moi crítico comigo, que baixou ao campo e me deu unha palmada felicitándome», comenta.

Al año siguiente estuvo en el Brollón como futbolista y entrenador. También fue clave en la trayectoria del Lemos B. Se siente orgulloso de su trayectoria y admite que cuando empezó su sueño era dar el salto al fútbol profesional.

Apuesta por la cantera

Llama la atención el hecho de que salvo un futbolista -Iago López- desde hace 36 años, momento en el que lo hizo González, ningún otro futbolista de la cantera local haya salido para Segunda B. Roberto aporta una clave. «Coido que houbo moitas épocas nas que non se apreciou aos futbolistas de Monforte, e iso puido influir, porque aquí houbo xogadores con calidade para estar arriba. Entendo que faltou valentía para apostar pola canteira local», señala González, que ensalza la labor de Carlos Vivero, que tuvo un Lemos formado en casi su totalidad por jugadores de la comarca.

Joel Castro, Álvarez Renda fueron entrenadores que marcaron su carrera. González admite que no le disgustaría volver a sentarse en un banquillo.

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