La veda se abrió para paseantes y corredores en el paseo fluvial y la concurrida «ruta del colesterol»
02 may 2020 . Actualizado a las 18:18 h.Paisaje de chándal y runners en calles y zonas verdes de Monforte, en el primer día desde el inicio del confinamiento en el que se permitió salir a caminar y practicar deporte. No fue la avalancha que pronosticaban algunos, pero el arranque de la desescalada cambió por una horas el atípico paisaje urbano que impone el estado de alarma. A las ocho de la mañana, los paseantes más madrugadores asomaban puntuales por la ronda urbana -rebautizada como ruta del colesterol- y el paseo fluvial. Tampoco los runners se demoraron a la hora de dar rienda suelta a la zapatilla. «A ver si ahora dejan de correr en los garajes», se oía decir a una señora en el Parque dos Condes.
Cercano ya a su segundo mes, el confinamiento comenzaba a hacer estragos entre los adictos a la actividad física. También entre los más sedentarios, si no tenían hijos pequeños que justificasen una salida fuera de la compra en el súper. Por los garajes comenzaban a asomar, antes de este sábado, desde caminantes absortos en las melodías de sus cascos a sudorosos runners con el síndrome de abstinencia. «Es que en casa ya no hay quien aguante», se excusaban al tropezar con el vecino que solo pretendía sacar el coche.
Pese a los esperado del día, más que avalancha fue un goteo de salidas. El día amaneció nublado pero sin lluvia para los que eligieron la mañana. Los que prefirieron esperar a la tarde lo hicieron tras una tarde de bochorno casi veraniego. La mayoría evitaron las zonas que previsiblemente podían estar más concurridas. A lo largo de toda la jornada, las fuerzas de seguridad vigilaron que se cumpliesen las directrices del ministerio. De momento, pesa el miedo.