«Que Burdeos plante albariño es un éxito»

La principal región vitícola del mundo se ha fijado en la variedad gallega y en Rías Baixas lo ven como un reconocimiento; el sector ha logrado darle renombre internacional a su materia prima


redacción / la voz

El albariño está de moda. Es una variedad de uva que, desde hace tiempo, se cultiva en todo el mundo, incluso en países tan lejanos como Japón. Y ni siquiera los franceses, que son una autoridad en el mundo del vino, han podido resistirse a sus encantos. Prueba de ello es que Burdeos, una de las regiones vinícolas más famosas del mundo, se ha fijado también en esta uva gallega. Y ha decidido incluirla entre las variedades autorizadas para que sus viticultores puedan plantarla de forma experimental. En la denominación de origen gallega lejos de ver ahí una amenaza han visto un reconocimiento, «es el trabajo de tanta gente durante tantos años, que se ve reconocido por el interés internacional por la variedad», explica el presidente del consello regulador, Juan Gil de Araújo. Reconoce que el sector vive un buen momento, en el que las ventas no dejan de crecer, y que hasta la futura cosecha tiene buena pinta, a pesar de las desastrosas condiciones meteorológicas de los últimos meses.

Cualquiera lo diría pero la denominación de origen Rías Baixas tiene poco más de treinta años. Se creó en 1988 con 492 viticultores y 14 bodegas, que producían alrededor de dos millones de litros de vino. Hoy se ha convertido, con diferencia, en la principal región vitícola de Galicia. Tiene más de cuatro mil hectáreas de viñedo plantadas, que cultivan 5.500 viticultores y que abastecen a 184 bodegas. Pero es que, a mayores, ha conseguido un gran reconocimiento internacional, tanto para sus vinos, como para la propia variedad de uva. «Es un éxito para nosotros», asegura Gil de Araújo sobre la decisión de Burdeos de autorizar el albariño. Pero también implica un trabajo para la denominación de origen. Porque «hay que adelantarse a los posibles perjuicios» que esta medida pueda tener. La primera, que haya albariño en muchas otras partes del mundo, algo que ya está pasando. Por eso el sector debe «ayudar a distinguir muy bien el verdadero albariño, que es el de Rías Baixas», insiste. Una pelea en la que el consello regulador lleva mucho tiempo trabajando, casi desde que se puso en marcha. «Un exportador me dijo una vez que albariño era la catapulta de ventas de Rías Baixas. Es cierto que no podemos olvidar que somos Rías Baixas, pero también que no podemos renunciar a la palabra albariño», explica el presidente.

¿Una nueva ampliación?

El sector vive uno de sus mejores momentos. Tras tres años recogiendo cosechas abundantes, «las bodegas no se han resentido. Si hubiera más, más se vendería», sostiene. Solo el año pasado se registró un incremento del 10 % de las ventas, de un 7 % en facturación. «Además, a 30 de junio de este año el vino calificado es un 4 % más que durante el mismo período del ejercicio pasado», argumenta el presidente. Así que la tendencia sigue siendo buena. Este incremento sobre las ventas ha vuelto a reabrir el debate sobre la posibilidad de ampliar de nuevo el territorio de la denominación de origen. Algo que el consello regulador ha rechazado de forma categórica durante los últimos años y que, ahora, podría ser posible. «La forma de crecer es complicada porque conseguir autorizaciones de plantación no es sencillo. Yo creo que necesitamos crecer con cuidado, sin olvidarnos de lo que somos. No me vale que vengan grandes inversores de fuera, necesitamos crecer con nuestros pequeños y medianos viticultores», explica Gil de Araújo. Al mismo tiempo asegura que no se ha producido novedad alguna sobre la petición para ampliar el territorio de la denominación. «No hay nada nuevo», insiste.

El sector está pendiente, en estos momentos, de la nueva cosecha. No ha sido un año fácil. «Hubo complicaciones de todo tipo. Hizo calor en marzo y a muchos nos recordó aquella terrible cosecha del año 98, cuando hizo calor en febrero», explica. Y es que aquel año la denominación vivió uno de los peores momentos de su historia pues, estando en plena expansión, vendimió solo dos millones de kilos de uva. Por fortuna, todo parece indicar que la situación no se repetirá. «Hubo temporales, que rompieron algunos sarmientos, y granizadas y días de frío», insiste. A pesar de todo eso, parece que los daños se limitan a localizaciones concretas y que la cosecha «no va a ser mala», argumenta. Rías Baixas necesita una buena añada para seguir creciendo en los mercados nacionales e internacionales. Para seguir ganando fama y reconocimiento con el que demostrarle al mundo que en esta región gallega se produce el mejor albariño del mundo.

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