Hallan en Pantón el horno de cal más occidental de la provincia

El lugar se encuentra en O Cotillón, donde hay también una antigua capilla rupestre


monforte / la voz

La aldea de O Cotillón -en la parroquia de Acedre, en Pantón- es conocida porque en ella se descubrió en 1997 una singular capilla rupestre considerada como uno de los monumentos religiosos más antiguos de la Ribeira Sacra. Lo que casi nadie sabía es que en la localidad se encuentra además el único horno artesanal de cal que se conoce en este municipio. El hallazgo fue realizado por el restaurador e investigador Sol Docampo, que también localizó en las cercanías una cantera de la que se extraía piedra caliza.

La asociación cultural Segredos de Pantón tiene previsto acondicionar en los próximos meses una ruta para facilitar las visitas a este olvidado elemento del patrimonio local. Según apunta Lucas Vázquez, miembro de este colectivo, el antiguo horno de O Cotillón es el más occidental de los que se conocen en la provincia. «Os demais fornos lucenses están nas montañas da zona oriental, nos concellos de Quiroga, Folgoso do Courel, O Incio, Becerreá e Baralla», señala.

Ubicación confusa

La existencia de un horno de cal en Pantón no era totalmente desconocida, ya que una publicación sobre los esgrafiados o decoraciones con cal de la Ribeira Sacra -editada por el consorcio de turismo- menciona una construcción de este tipo. «Pero ese traballo di que o forno estaba nun lugar chamado Recimil, e en Pantón non hai ningún sitio con ese nome», dice Vázquez.

Sol Docampo -explican asimismo desde la asociación- localizó el lugar después de comprobar en un mapa geológico que en el municipio de Pantón existía una veta de roca caliza. «Guiándose por ese mapa foi facer unha busca no Cotillón e encontrou ao dono dos terreos nos que se encontran o forno e a canteira de pedra caliza, que sabía da súa existencia», apunta Lucas Vázquez. «Os veciños, ademais, coñecían tradicionalmente ese lugar como A Caleira», añade.

El horno de cal consiste en un pozo de aproximadamente 1,70 metros de profundidad por un metro de ancho que está labrado en la roca natural. «Ten unhas dimensións algo máis pequenas que os que hai en Quiroga ou no Courel», comenta Vázquez. Al igual que los demás hornos de este tipo existentes en la provincia, dejó de utilizarse hace alrededor de medio siglo. En la actualidad, el horno y la cantera están parcialmente ocultos por la maleza, si bien el camino que lleva al lugar puede ser recorrido sin problemas. En los alrededores hay también un pedregal formado por restos de la roca caliza extraída de la cantera. «É posible que na mesma zona houbese algún outro forno, pero para comprobalo hai que examinar máis a fondo os terreos», agrega Vázquez.

Usos tradicionales

La cal obtenida en este horno se utilizaba para revestir los muros exteriores de las viviendas -que a veces se decoraban con esgrafiados- y también sirvió como argamasa en la construcción de las vías de ferrocarril que pasan por el municipio. La asociación Segredos de Pantón espera que este lugar se convierta ahora en un nuevo atractivo para el turismo cultural.

En el sur lucense se conservan varios caleiros u hornos de cal en lugares como San Román do Mao y Toldaos -en O Incio-, Cereixido, Xestoso, Soldón da Seara -en Quiroga- y Vilamor do Courel. En algunos casos, como el de Cereixido, fueron restaurados y acondicionados para visitas turísticas. El horno de Vilamor fue rehabilitado hace pocos años por la asociación Fonte do Milagro, que llevó a cabo en él unas recreaciones de elaboración de cal según el método tradicional. Estas construcciones, por otro lado, se encuadran en la arquitectura popular con piedra seca, que acaba de ser declarada patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco.

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