Cuatro puntos negros del casco histórico

Edificaciones en ruina y pintadas en las fachadas afean el recorrido por la muralla de San Vicente


MONFORTE / LA VOZ

Hay mucho que ver en el casco histórico de Monforte. Y también muchas cosas que no deberían estar a la vista en las calles con mayor solera de la capital de la Ribeira Sacra. Las últimas visitas guiadas al conjunto monumental, con motivo del día europeo de la cultura judía, pusieron de relieve el creciente interés por el patrimonio local. También el largo camino que queda por andar para ponerlo realmente en valor. No es solo una cuestión de estética, un mero problema de feísmo. El recorrido plantea una serie de situaciones que podrían encajar perfectamente en el turismo de riesgo.

La ruta comienza en la calle del Comercio, delante del Centro do Viño da Ribeira Sacra, sede de la oficina de turismo. Tras una escala en la plaza de España, el recorrido prosigue hacia el recinto intramuros por Abelardo Baanante. Los edificios en estado de abandono se suceden, pero cuando la cosa se pone realmente fea es al traspasar la Porta da Alcazaba. Los turistas asisten a las explicaciones al pie de una edificación que amenaza venirse a bajo. La propietaria quiere restaurarla, pero Patrimonio le exige mantener tantas divisiones como números tuvo asignados en su día. Y son cuatro.

Ajena al peligro

El panorama no mejora en dirección a la calle Falagueira. Pasada la casa de los Gaibor, una de las referencias de la impronta hebrea, hay otras dos inmuebles de pequeñas dimensiones en avanzado estado de ruina. Al pie de uno de ellos, sobre una piedra que hace de banco, descansa una turista ajena al peligro.

Por la adelante, las casas están rehabilitadas y ofrecen una de las mejoras estampas del casco histórico. Pero llega la hora de visitar el torreón de la muralla más próximo a la Porta Nova y el optimismo de diluye. Las hiedras están dañando la estructura, como se puede apreciar desde el interior. Los turistas regresan al punto de encuentro por la Rúa do Burato. Cerca ya del torreón de la cárcel vieja, las pintadas desmerecen en las fachadas de los últimos vestigios de arquitectura tradicional.

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