monforte / la voz

Hace una década que se descubrió de forma casual un antiguo refugio humano en la parroquia de Diomondi, en O Saviñao. Se halla en la Ribeira de San Fiz, cerca de la aldea de Galegos. El autor del hallazgo fue un vecino de Escairón, conocido por Rodiz y ya fallecido. Cuando paseaba por este lugar la llamó la atención una gran roca que tiene en su parte baja un reducido hueco que permitía el acceso a su interior.

La boca de la entrada estaba parcialmente obstruida por la maleza y los arrastres de tierra. El vecino retiró una parte de la vegetación para acceder al interior del hueco. Entonces encontró abundantes restos de cerámica de reducido tamaño. También aparecieron algunas piezas de cuarzo -un mineral que no se encuentra en los alrededores- y granito que parecen ser herramientas talladas. Estos vestigios sugieren que el hueco de la roca fue utilizado de forma ocasional como refugio en tiempos lejanos, probablemente para guarecerse de las inclemencias meteorológicas. El espacio, de unos tres metros cuadrados, solo puede acoger a una o dos personas y su escasa altura no permite estar erguido.

Un gran peñasco

A pocos metros, junto a una pista que da acceso a esta parte de la ribera, se levanta una mole granítica vertical de unos cinco metros de altura que es conocida por Pena Alta. Justo al lado de esta imponente roca sale un sendero que lleva hasta el refugio, situado a una veintena de metros. En la parte inferior de este llamtivo monolito quedan los restos de lo que parece ser un antiguo lagar. En su interior aún se conserva una antigua piedra labrada con aspecto que haber servido de prensa. Cerca de este lugar hay una fuente, hoy tapada por la maleza, cuyas aguas pudieron ser utilizadas por los dueños de esta esta rústica bodega y los ocupantes del refugio. Del lagar solo quedan parte de los muros y su propietario es un vecino de Galegos.

A unos cuatrocientos metros del pueblo, siguiendo la misma pista de tierra que da acceso al refugio, está el primitivo lugar de San Mamede, donde había un pequeño núcleo de cinco o seis viviendas y una pequeña iglesia dedicada a este santo. Las noticias históricas señalan que en el siglo XII el rey Alfonso VII donó al monasterio de Oseira estas tierras, que después fueron cedidas a otro cenobio, el de Castro de Rei, que dependía del anterior. Las iglesias dedicadas a san Mamed fueron numerosas en los primeros siglos de la Edad Media por lo que los orígenes de este templo pueden ser muy antiguos.

Se sabe también que la iglesia de San Mamede de Galegos estaba casi en ruinas en la década de 1760, ya que algunos documentos históricos indican que Juan Sáenz de Buruaga -por entonces obispo de Lugo y más tarde arzobispo de Zaragoza- ordenó derribarla por ese motivo. El prelado también mandó trasladar los objetos y esculturas que se conservaban en la iglesia a otros templos que estuviesen lo más cerca posible. Las iglesias de San Paio de Diomondi y Louredo son las más cercanas, pero en ninguna de ellas se han encontrado piezas que se puedan considerar como procedente del primitivo templo de San Mamede.

De la antigua iglesia y del pueblo de San Mamede apenas quedan algunos vestigios medio ocultos por la vegetación. Hoy solo pueden verse algunos restos de muros y los propios cimientos de la construcción. En algunas bodegas y muros de terrazas de viñedos de las proximidades se hallan diseminadas varias piedras labradas que en su día probablemente formaron parte de la iglesia desaparecida.

Desde escairón

Hay que salir por la carretera LU-617 hacia Chantada. En el kilómetro 5,5 hay un desvío a la izquierda para Buxán, Galegos y Diomondi. Galegos está a 3,3 kilómetros de este desvío, de donde sale una pista de tierra que lleva a la Ribeira de San Fiz. A unos 400 metros está el lugar de San Mamede y a 1,2 kilómetros la Pena Alta y el refugio, a la derecha de la pista

En las cercanías

están los restos

de la iglesia de

San Mamede y una aldea abandonada

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Un refugio milenario en Galegos