El matadero que perdió Monforte

Francisco albo / jorge vila MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

Una nave del matadero de Frigsa en Lugo en su primera época, en una fotografía de 1957
Una nave del matadero de Frigsa en Lugo en su primera época, en una fotografía de 1957 archivo juan cancela

Hace 67 años se presentó el proyecto para crear en la ciudad el complejo industrial de Frigsa, que acabaría en Lugo

07 feb 2018 . Actualizado a las 23:00 h.

Hace ahora 67 años, en febrero de 1951, el antiguo INI o Instituto Nacional de Industria -fundado diez años antes por el régimen franquista- presentó el llamado «Plan de Red Frigorífica Nacional», que preveía la creación de un gran matadero industrial en la provincia de Lugo. El proyecto daría pie a la construcción de la factoría Frigoríficos Industriales de Galicia SA (Frigsa) en la capital de la provincia. En un principio se pensó instalar este matadero en Monforte, lo que despertó grandes esperanzas en cuanto al futuro desarrollo económico del municipio. El traslado del proyecto a Lugo supuso un duro golpe que sería recordado y lamentado durante décadas por los monfortinos.

El desarrollo de este proyecto fue analizado por Antonio Gómez Mendoza, catedrático de historia económica de la Universidad Complutense de Madrid, en un estudio titulado Hacia una economía del frío. El plan de red frigorífica nacional 1947-1951. Este trabajo señala que «la elección de una sede para el matadero generó no poca tensión entre los distintos agentes económicos» y que el asunto «acabó convirtiéndose en un episodio repleto de violentas acusaciones con un alto contenido pasional».

Desde que empezó a fraguarse el proyecto, según apunta Gómez Mendoza, Monforte y Lugo rivalizaron para acoger el futuro matadero industrial. Las dos opciones -añade- contaban con «apoyos poderosos». El Consejo Técnico Asesor del Frío Industrial se decantó por Monforte, «haciendo valer como ventaja el ser un nudo ferroviario en el corazón de una zona altamente ganadera». Esta decisión provocó las quejas de la Cámara de Comercio e Industria de Lugo, que a su vez recibió una réplica por parte del Ayuntamiento de Monforte, que en un documento oficial dirigido a los responsables del INI denunció una supuesta «cadena de maniobras y movimientos más amplios, tendentes todos ellos a impedir el sereno juicio de ese organismo» que estaría al servicio de un «reprobable fin localista».

La disputa se cerró en junio de 1951, cuando el consejo de administración de Frigsa se decidió finalmente por Lugo. Al frente de este organismo estaba Rufino Beltrán Vivar, responsable del departamento de industrias agroalimentarias del INI, que anteriormente había estado a favor de la opción monfortina. La decisión de llevar el matadero a la capital provincial, indica Gómez Mendoza, resultó inesperada y causó en su momento una sorpresa general.

Un plan para mejorar el abastecimiento de alimentos y la imagen exterior del régimen

El proyecto de establecimiento de una red estatal de instalaciones frigoríficas en el que se enmarcó la creación del matadero de Frigsa -según indica el propio texto del plan-, debía desarrollarse en tres fases sucesivas que comenzarían respectivamente en 1952, 1954 y 1956. Sus principales objetivos, de acuerdo con los responsables del Instituto Nacional de Industria, consistían en una aumentar la cantidad de productos alimenticios disponibles para los consumidores, abaratar y estabilizar los precios y mejorar las condiciones nutritivas y la calidad de de los alimentos perecederos.

El estudio de Antonio Gómez Mendoza considera «poco convicente» la argumentación que el INI hizo en su momento para justificar este plan y señala que en realidad la rama alimentaria tuvo muy poco peso dentro de las actividades fomentadas por este organismo, que se centró sobre todo en la promoción de la industria pesada desde su creación -en 1941- hasta 1963. A juicio de este investigador, la potenciación del frío industrial aplicado a la alimentación respondía en gran parte a la intención de Juan Antonio Suanzes Fernández, fundador y primer presidente del INI, de mejorar la imagen exterior de la dictadura franquista presentando como una de sus prioridades fundamentales «la consecución de una mejora sustancial en las condiciones de vida de los españoles».

En declaraciones a la prensa extranjera -apunta por otro lado el historiador- Suanzes también «se afanó en presentar al INI como un organismo dispuesto a colaborar con la empresa privada en aventuras industriales comunes», cuando numerosas actuaciones suyas desdicen este propósito. Estas iniciativas, según Gómez Mendoza, apuntaban sobre todo a crear un estado de opinión favorable al régimen de Franco en Estados Unidos y de atraerse el apoyo de su gobierno.

Una iniciativa que tuvo oposición por parte del sector privado en la capital provincial

El proyectado matadero de Monforte, según las previsiones realizadas por Rufino Beltrán a comienzos de los años cincuenta, debería sacrificar unas 544.000 reses anuales, de las que un 26,5% serían de ganado vacuno y resto de lanar. Un 60% de la carne de vacuno mayor se destinaría a la congelación, mientras que la totalidad del vacuno menor y del lanar se consumirían refrigerados. Estas cifras -puntualiza Antonio Gómez- contrastan con las que figuraban en un anteproyecto elaborado en 1947 y «muestran una reducción sustancial en la capacidad de congelación, que se situaba ahora en torno a un 39%».

El traslado del matadero a Lugo no fue bien recibido por todos en la la capital provincial. Entre sus mayores críticos estuvo Antonio Abella, propietario de un matadero privado, que envió varios comunicados a los responsables del INI y al ministro de la Presidencia Luis Carrero Blanco en los que esgrimió diversos argumentos económicos contra el proyecto. En su lugar recomendaba crear cuatro mataderos pequeños y utilizar las instalaciones privadas ya existentes para asegurar los abastecimientos de carne.

Temor a la competencia

El estudio de Gómez Mendoza señala a este respecto que el recelo de Antonio Abella y otros empresarios al plan de la red frigorífica se debía al temor de no poder resistir la competencia del INI a la hora de adquirir ganado de abasto y de quedarse sin existencias para mantener su actividad. Este temor fue compartido por las industrias chacineras de Xinzo de Limia y O Porriño.