Las edificaciones de tierra más antiguas de Monforte datan de 1883

La llegada del tren coincidió con el impulso a un tipo de construcción único en Galicia

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MONFORTE / la voz

Las construcciones en tapia o en tierra, en cuya singularidad casi nadie había reparado hasta ahora, despiertan cada vez mayor interés entre los expertos en arquitectura. Monforte constituye uno de sus últimos reductos y un caso único en el conjunto de Galicia. La excepcionalidad se debe en parte a que Monforte engloba «el 4% del suelo sedimentario que hay en la comunidad gallega». Laura Álvarez-Testa Sánchez deja caer este dato en su Estudio de las construcciones en tapia en la zona norte de Monforte de Lemos, del máster en rehabilitación arquitectónica de la Universidade de A Coruña. Existen, sin embargo, otros factores más allá de la geología que ayudan a entender esa rareza constructiva.

La abundancia de arcillas, arenas y limos proporciona el material base para la técnica de la tapiería, pero no justifica por sí sola su proliferación en Monforte. Los investigadores valoran también el factor climático. El menor índice de pluviometría de esta zona con respecto a otros puntos de Galicia ayudaría a explicar el desarrollo de una técnica constructiva más propia de la Meseta, el Levante y zonas de Andalucía.

Laura Álvarez-Testa aporta un tercer factor de carácter social. Aunque la década más activa en la construcción de tapia en Monforte fue la de 1930-1939, la primera etapa en la que se tiene constancia de este tipo de edificaciones «coincide con la llegada del ferrocarril a finales del año 1883». La presencia de numerosos trabajadores ferroviarios de otras procedencias podría haber estado en el origen de la difusión de una técnica muy poco extendida en Galicia.

Inventario del casco histórico

El estudio de Laura Álvarez-Testa amplía al barrio de la Estación un trabajo previo en el que había inventariado más de doscientas edificaciones de construcción en tierra en el perímetro declarado conjunto histórico-artístico de Monforte. La autora localiza en el barrio de la Estación otras 84 edificaciones, aunque en muchos casos lo que quedan de ellas son vestigios tras la demolición de la mayor parte del edificio.

El abandono de esas viviendas, y en especial el deterioro de las cubiertas, debilita las paredes en tapia, más sensibles a la humedad que las construidas en piedra. «Tenemos una población que desconoce la existencia de arquitectura en tierra en la comunidad gallega, desconocimiento que se verifica por parte de autores y de autoridades locales», señala la autora.

Los inventarios de estas edificaciones se hacen necesarios, según indica, por el «abandono y falta de preocupación por el futuro más próximo del patrimonio urbano de tierra de Monforte de Lemos». «Asimismo -prosigue la investigadora-, se pretende promover la conservación, e incluso la posible rehabilitación, de las edificaciones de tierra del patrimonio urbano de la zona norte de Monforte de Lemos, a través de la puesta en valor de este tipo de edificaciones».

La construcción en tapia en el ámbito del conjunto histórico está recogida en el plan especial de protección. En su informe sobre este documento inicial, la Consellería de Cultura recomendó medidas de protección más efectivas con vistas a su redacción definitiva. No existen, sin embargo, disposiciones de este tipo para el barrio de la Estación, donde también tiene una presencia significativa la construcción en tapia.

El plan de ordenación municipal contemplaba la catalogación de algunas viviendas singulares de esta zona bajo el epígrafe de arquitectura obrera, pero sus directrices quedaron sin efecto al ser retirado por acuerdo de la corporación en el 20015.

Algunas ventajas que justifican su preservación

La sostenibilidad se abre paso también en las tendencias constructivas. En la actualidad existen incluso varios programas de la Unesco que promueven y preservan la construcción en tapia en diferentes puntos del mundo. Las que siguen son algunas de sus ventajas para la denominada «bioconstrucción».

Absorbe la humedad. El barro regula la humedad ambiental, tiene la capacidad de absorber humedad más rápido que los materiales industriales. También es, por otra parte, un elemento termorregulador frente a los contrastes térmicos.

Siempre es reutilizable. El contacto con el barro mantiene seca la madera por su capacidad de absorber la humedad y su alta capilaridad. El barro crudo es reutilizable y se puede volver a utilizar ilimitadamente. Solo necesita ser triturado y humedecido con agua, nunca será un escombro que contamine.

Una técnica extinta en España, según los expertos

La toma directa de datos sobre las construcciones que aún se conservan arroja luz sobre una técnica actualmente desaparecida en España. La tapia es un tipo de tabique construido mediante el relleno de un muro, lo que hoy se denominaría encofrado. Manuel J. Freire Tellado detalla, en un estudio sobre estas edificaciones en Monforte, que se trata de una práctica «de ideación compleja», que requiere de un sistema de moldes «sumamente depurado» y que está destinado «a ser empleado por mano de obra sin cualificación».

«En la tapiería las unidades de obra de fábrica son ejecutadas con tierra, barro, paja etc., produciéndose la consolidación por medios mecánicos ?apisonado-, sin intervención de ningún proceso químico que altere la naturaleza de los materiales», detalla este especialista.

La ausencia de fraguado, a diferencia de morteros y hormigones, exige que la tierra de relleno tenga unas características adecuadas, «plasticidad suficiente, ser algo silícea y carecer de materia orgánica».

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