¿Quién da más por llevar el santo?

MIRIAM SALGADO / L.D.

LEMOS

Los vecinos de Tribás, en Pantón, recaudaron fondos para las fiestas con una puja en la que está en juego el privilegio de portar las imágenes el día de la procesión

27 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Pujar por algo puede ser una actividad bastante corriente. Son muchos los que se aventuran a participar en una subasta por un vehículo o una vivienda. Sin embargo, pujar por un santo ya no es tan usual. Lo saben bien los vecinos de Fontao, perteneciente a la parroquia de Tribás en el municipio de Pantón, que recurrren a esta curiosa fórmula para recaudar fondos para la organizaicón de las fiestas.

En este pequeño pueblo pueden hacer alarde de saber conservar sus tradiciones. Pese a ser pocos vecinos, y cada vez menos, todos se esfuerzan por mantener sus fiestas en honor a San Bartolomeu. Los festejos se celebran año tras año los días 24 y 25 de agosto, sin importar en que día de la semana caígan. Ambas jornadas cuentan con una misa y una procesión, pero la segunda es más especial porque es cuando el campo que usan para sus fiestas se llena, no solo de música y vecinos, sino también de santos. Once para ser exactos, por loq ue pueden pujar vecinos y visitantes.

El viernes 25, fieles a la tradición y a la fecha, comenzó la peculiar subasta de Tribás. A la una del mediodía los once santos del pueblo ya habían cruzado la puerta de la iglesia para colocarse, todos en fila, en el campo de los festejos. Independientemente del tamaño o del santo del que se tratase, todos ellos se dejaron llevar por el mejor postor. No es necesario ser del pueblo para formar parte de esta peculiar subasta. La cantidad que se da por cada figura suele oscilar entre los cincuenta y los doscientos euros.

Este año la puja más alta fue de 230 euros por la Virgen de los Dolores. Aproximadamente se recaudaron mil euros, como casi siempre. Con el dinero que se consigue se celebran las próximas fiestas. La propia comisión de festejos, que no ha cambiado en los últimos cinco años, es la que se encarga de ello. Aunque quizá algún santo también interceda para que sea así.

La subasta suele durar una hora. Durante este tiempo sale a relucir la retranca de los vecinos y alguna pulla acaba sobrevolando la cabeza de las figuras mientras la cifra de la puja no para de subir. Pero la subasta tiene su propio procedimiento interno. Cada casa tiene como tradición pujar siempre por un santo. El mismo por el que ya pujaban años atrás sus abuelos. E incluso bisabuelos. En Tribás saben qué es mantener una costumbre.

Al final, la familia o persona que presenta la cantidad más alta es la encargada de llevar la figura de vuelta a la iglesia y al año siguiente será la que lo porte durante la procesión. Además de eso la creencia es que quién se ocupe de esto tendrá durante todo el año la protección y el amparo del santo por el que haya pujado.

Subasta de campanas

Los santos no son los únicos que salen a subasta. También se puja por haver sonar las campanas de la iglesia en el campo de las fiestas. La cantidad es mucho menor que la que se ofrece por las figuras, y es que las campanas no amparan al campanero. Por ellas suelen darse entre cincuenta y ochenta euros. La persona que gane la subasta tiene que subirse al campanario, con una puerta diminuta que dificulta el acceso, y debe hacer repicar las campanas durante la entrada y la salida de los once santos de la iglesia. Este año la tarea a recaído nuevamente en el mismo hombre, que lleva tocando las campanas desde los doce años y actualmente tiene 37. Pero esto también es una tradición familiar que no han dejado caer en el olvido, ya que el anterior campanero era el padre de este hombre.

Además de la puja por los santos y las campanas, también hay un día en el que se hace la típica pancetada popular y, como en casi todos los festejos de pueblos, independientemente de que tengan subasta o no, se organizan diversas actividades para los más pequeños. También cuentan con un grupo de gaiteiros que se encarga de ponerle la música a la procesión. Y todo esto gracias al dinero que recaudan año tras año con este singular concurso que consigue mantener la tradición y que los santos sepan como funciona el mundo fuera de la iglesia.

La imagen más cotizada este año fue la Virgen de los Dolores. Alguien pujo 230 euros para poder desfilar con la santa