Brais Rodríguez, monfortino residente en Suiza, cuenta con una colección de 210 camisetas del club
29 jul 2017 . Actualizado a las 21:13 h.Los años en los que el Real Club Celta deslumbró con su fútbol en Europa no pasaron desapercibidos para los aficionados. En el caso de Brais Rodríguez, un hijo de monfortinos emigrados a Suiza, supuso que intensificara aún más su vínculo con el conjunto olívico. Esto tuvo como consecuencia que este joven se decidiera a coleccionar camisetas del club vigués.
En la actualidad dispone de una colección de 210 camisetas. Todas son diferentes. La más antigua data del año 1968 y la más moderna es de la pasada temporada. Con apenas un año, Brais recibió su primera camiseta, puesto que su padre era un auténtico forofo del Celta. Además, la familia que lo cuidaba en Ginebra -es la ciudad en la que reside la familia- mientras sus padres trabajaban era natural de Vigo. Fue en ese momento donde empezó su noviazgo con el equipo. «O amor eterno aconteceu nos bos anos do Celta en Europa, cando o noso nivel futbolístico asombraba a todos os afeccionados», señala Brais Rodríguez.
Hasta que cumplió veinte años recibía cada temporada dos camisetas del equipo. Fue precisamente con esa edad cuando se planteó comenzar la colección. «Vin as que me faltaban e engancheime buscando as de todos os futbolistas. Como me siguen faltando algunhas, continúo con esta afección», añade.
Pruebas de autenticidad
En esa búsqueda de camisetas, Brais protagonizó varias anécdotas. Lo más difícil es encontrar elásticas antiguas, por lo que este aficionado suizo con raíces monfortinas busca pruebas de autenticidad, porque algunos coleccionistas intentan colar unas corrientes de tienda. Recuerda que en una ocasión uno le llegó con una camiseta talla S de Gudelj, lo que le hizo desconfiar, puesto que el ariete usaba la XL. «Todo é controlado como a serigrafía, a talla do xogador e algúns segredos de coleccionistas. Para iso teño amigos que me indican os trucos, como é o caso dun historiador do Real Club Celta ou de Isaac Rodríguez, que é o máis grande coleccionista de camisetas do equipo, con máis de trescentas, algunhas das que me faltan a min», indica Rodríguez.
La camiseta más difícil de conseguir fue la de Mostovoi en un partido de Champions en Milán, ya que se usó solo en un partido. «Tamén foi difícil lograr as especiais dos partidos de homenaxe a Gudelj e a Alvelo», dice.
A Brais le faltan seis. Son las de los partidos que jugaron el Celta y el Deportivo por el Prestige. Tiene contactos con futbolistas de la primera plantilla del equipo vigués. Cuando viaja a Vigo acude a los entrenamientos, después de los que habla con ellos.
Estuvo varias veces invitado en el palco de Balaídos, donde presenció un Celta-Sevilla sentado con Hugo Mallo y Nolito. También se desplaza por Europa a verlos. «Fun a Liexa, Ámsterdam e Manchester», añade. Brais preside la Peña Celtista de Ginebra, que se creó hace tres años. Cuenta con 65 socios. Todos los meses se desplaza a Vigo a presenciar un partido.
El botín más preciado que tiene es una bota bañada en oro de Mazinho. «Hai anos o Celta pediulle bañar tres botas de varios futbolistas, pero ao final anulou o pedido e o xoieiro gardounas. Fai un ano ensináronma por se me interesaba, pero o prezo era moi elevado. A sorpresa chegou no Nadal, porque debaixo da árbore atopei a de ouro. Foi o mellor agasallo que puiden recibir dos meus pais e nunca me separarei dela, salvo que Rafinha e Thiago xoguen xuntos no Celta, porque nese caso haberá que regalarlla ao seu pai», concluye Rodríguez.
También tiene las de Mostovoi de la remontada al Aston Vila. Con ellas marcó un gol y dio una asistencia en ese partido. Brais tiene un piso en Carude, barrio en el que se le conoce como «o neto do Paquiño dos pequeniños».