«El vino nos interesa, ¡somos franceses!»

El festivo cambia la fisonomía de las calles de Monforte, pobladas de turistas que compensan el éxodo a las playas

l. D.
monforte / la voz

Tiendas con el cierre echado y calles por las que casi no circula ningún coche. Las terrazas de la calle Cardenal consiguen, de algún modo, mantener el número usual de sillas ocupadas. Sin embargo, los clientes no son los de siempre. Los hay habituales, pero en este 25 de julio lo que predominan son los rostros desconocidos. Manuel se fue a vivir a Barcelona con quince años. Ahora, con más de setenta a las espaldas, se sienta en uno de los bancos del Parque dos Condes con una antigua conocida lucense. «Yo vivo en Barcelona, pero veraneo siempre en Monforte. Al fin y al cabo, la tierra tira», señala Manuel. Junto a su compañera, son de los pocos que disfrutan de la sombra del parque.

No es el único que aprovecha el verano para echar la vista atrás. Ferni camina con su sombrero blanco por el centro de Monforte acompañado por algunos parientes. «Estudié en los Escolapios cuando los religiosos que impartían las clases usaban parte de lo que ahora es el aparcamiento como huerto. Vivo en Marbella, pero he venido para ver a la familia y recordar viejos tiempos», explica.

Gregorio y Ramona pasan todo el verano, en Monforte. Gregorio es oriundo de tierras extremeñas y Ramona de un pueblo cercano a Monforte. Solían venir desde Barcelona a ver a la familia de Ramona. Hace algunos años, aprovecharon una Semana Santa para una visita fugaz. Pasaron por delante de una casa con el cartel de venta de una inmobiliaria -frente a la que pasa por ser la más estrecha del mundo- y decidieron comprarla. Desde entonces, pasan todos los veranos aquí.

En la oficina de turismo saben de primera mano lo que se puede encontrar por las calles en estas fechas. «La Ribeira Sacra atrae a muchos turistas. La mayoría proceden de Madrid, País Vasco y Andalucía, aunque también interesa mucho a los franceses», dice una de las empleadas. «El turismo en este mes casi duplica del año pasado. El libro de Dolores Redondo y el programa de televisión Planeta Calleja han puesto a la Ribeira Sacra en el punto de mira de mucha gente», añade.

Una pareja de jóvenes franceses camina por la calle del Comercio, donde se encuentra la oficina de turismo. Lea no sabe hablar español, pero su novio Jean Marc se maneja bien. «Empezamos en A Costa da Morte y fuimos bajando hasta llegar aquí. Nos llama la atención la naturaleza. Además, el vino nos interesa mucho. ¡Somos franceses!», comenta Jean Marc.

Paz, naturaleza y pulpo

Aurore y Johann despliegan su mapa en la Compañía, cerca de la calle Duquesa de Alba. Son pareja, también franceses y viven en Londres. A Aurore la convenció una compañera de trabajo asturiana para que veranease en su tierra. Pero decidió que no le bastaba con Asturias y vino a Monforte buscando tranquilidad, naturaleza y buena cocina. «Nos fascina toda la zona de la Ribeira Sacra, y Monforte en especial. A mi novio nunca le ha gustado el pulpo, pero lo comió ayer aquí y ahora dice que le encanta», comenta sonriente Aurore mientras Johann asiente con un tímido «oui».

Otra pareja, esta vez de holandeses, ojea una guía en el casco viejo. Llevan tres semanas en Galicia y afirman estar encantados. «La comida aquí es maravillosa, además esta ciudad tiene edificios históricos muy interesantes», explican. En lugar de reservar en un hotel, están en Monforte porque han hecho un intercambio de casas con otra pareja.

El día de Santiago son muchos los monfortinos que aprovechan para escaparse a la playas, aunque también hay quie se tiene que quedar. José Luis Saco atiende el puesto de alquiler de barcas del paseo fluvial. Prevé que haya el mismo número de viajes que otro día de verano. Bien por el creciente turismo, bien por los vecinos que no vieron modificados sus hábitos por el festivo, los patos del Parque dos Condes seguían teniendo ayer quién les echase de comer.

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