«Andar e ollar de prea / vai Ricardo de Moreda / Monteiro de vella cencia / que por esta terra queda». Así describía Uxío Novoneyra en Os Eidos (1955) a su convecino Ricardo Castro García, cazador experto y buen conocedor de los montes de O Courel. La Voz de Galicia anunciaba hace 25 años que Ricardo de Moreda se disponía a salir por última vez a cazar jabalíes en el monte de Seceda. No se trataba de que el hombre no estuviese en forma para seguir dando rienda suelta a su afición, sino que un grupo de cazadores de Sarria y Samos iban a pagar para utilizar esos terrenos como coto privado suyo.
La crónica, titulada «La última cacería», estaba ilustrada con una fotografía de Ricardo Castro con la escopeta al hombro y una muletas. Tantos días de caminar por las escarpadas laderas de O Courel le habían costado una lesión de cadera de la que había sido operado recientemente. Un inconveniente que superaba con su destreza en un terreno que le resultaba más que familiar.
A principios de los años 90 todavía no había estallado la superpoblación de jabalíes, aunque en las montañas de O Courel ya habían empezado a ser un problema. La Consellería de Agricultura había autorizado a la cuadrilla de Ricardo Castro una última batida de cierre de temporada para tratar de controlar la población de este animal silvestre, que en las semanas previas había provocado algunos destrozos en tierras de labor próximas a la aldea de Seceda.
En realidad, él tenía intención de seguir saliendo de caza hasta que el cuerpo se lo permitiese. Pero no en los montes de Seceda, su terreno favorito. Sus nuevos usuarios iban a pagar a la comunidad de propietarios de esa parroquia 200.000 pesetas de alquiler mensual durante al menos quince años.
Apodado el «Capitán» por sus compañeros de batidas, Ricardo Castro llevaba 54 años cazando en los montes de O Courel. De acuerdo con sus propios cálculos, en ese tiempo se cobró alrededor de ochocientas piezas, 250 de ellas jabalíes en una época en la que este animal proliferaba mucho menos que ahora. A sus 72 años, hacía ya tiempo que cazaba solo por deporte, pero en tiempos también lo hizo por necesidad, para procurar alimento para su familia en épocas más duras.
Medio siglo de caza da para muchas anécdotas, y el Capitán era un gran contador de historias. Entre las más celebradas por sus amigos, la que aseguraba que una vez se había librado de la embestida de un jabalí defendiéndose con una chaqueta a modo de muleta taurina.