Salvar el monumento a los moteros

Carlos Cortés
carlos cortés REDACCIÓN / LA VOZ

LEMOS

ROI FERNANDEZ

Una campaña busca hacer oficial una escultura en la bajada de Os Peares en recuerdo a los muertos en accidente

16 dic 2015 . Actualizado a las 07:58 h.

Un casco pintado de negro encajado en un poste de cemento, una placa en la que se lee «Ráfagas al cielo» y, a menudo, unas flores en el suelo. Esa estampa sorprende en el mirador de Bazal a los automovilistas que bajan desde Monforte a Os Peares por la N-120. Es lo que parece. Un homenaje casero a los moteros muertos en accidentes de tráfico. A todos y a ninguno en particular. Lo idearon en el verano del 2014 un grupo de aficionados a las motos de O Barco. Y en poco más de un año se ha convertido en un auténtico referente gracias al boca a boca y a Internet. «Desde que circulan por ahí las fotos de este monumento, ya han surgido otros cinco en distintos puntos de España, el último en Asturias y prácticamente igual que este», cuenta Javier Guerrero, integrante del colectivo motero Balas Rasas, de O Barco. Ahora hay una campaña en marcha para que las autoridades respeten lo que se ha convertido en un monumento a todos los moteros muertos y, por extensión, un grito silencioso contra lo que los aficionados a las motos llaman guardarraíles asesinos.

En realidad, los integrantes de Balas Rasas sí tenían a alguien en mente cuando improvisaron este homenaje. Se cumplían diez años del fallecimiento de uno de sus amigos en accidente de tráfico. Su familia había elegido para esparcir sus cenizas este mirador de la N-120 sobre el río Miño, en el municipio lucense de Pantón. En aquel entonces, las curvas de la cuesta entre el alto de Guítara y Os Peares eran todos los fines de semana punto de encuentro para decenas de moteros de toda Galicia. Ellos y su amigo también venían, así que la familia decidió que sus cenizas bien podían reposar allí.

No quisieron nombres

En el mirador hay un mojón de cemento colocado por el Ministerio de Fomento a mediados de los años noventa, cuando terminaron las obras de construcción de esta carrera, que acortaba significativamente el recorrido ente Monforte y Ourense. Aprovecharon ese poste como soporte y colocaron en lo alto un casco. No quisieron poner ningún nombre en la placa. La familia de su amigo fallecido les pidió que evitasen difundir su identidad, así que ellos optaron por grabar en la placa «Ráfagas al cielo», una referencia al tradicional saludo entre motoristas a base de destellos con los faros. El homenaje trascendió así lo personal para ganar simbolismo y ahora raro es el fin de semana que no se acerca alguien al mirador a dejar un ramo de flores.

Vandalismo

Aquel primer casco apenas duró una semana. Fue sustraído en lo que los promotores interpretaron como una gamberrada. Ellos volvieron y pusieron otro mejor amarrado, que es el que se puede ver ahora.

Los moteros temen que en el Ministerio de Fomento decidan cualquier día que eso no tiene que estar allí y ordenen su retirada a la empresa que se encarga del mantenimiento de este tramo de la N-120. Por eso, otro grupo de aficionados ha activado una campaña en Internet. «Queremos que el ministerio lo autorice», resume Marcelo Silvera, motero vigués e integrante de Stop Guardarraíles, la plataforma que reivindica la sustitución de las biondas peligrosas por otras más seguras.

Más de 2.300 firmas

Impulsada desde la plataforma web change.org, la campaña tiene más de 2.300 firmas pero todavía no ha dado resultado. Sus impulsores se han dirigido en varias ocasiones al ministerio, sin obtener respuesta. Pero no cejan en su empeño y ya tienen planes para el día después de que Fomento les garantice que el monumento seguirá ahí. «La asociación gallega de motoclubes -explica Marcelo Silvera- ya tiene decidido arreglarlo poniendo un casco en condiciones y un vallado pequeño para que la gente no lo pise».

En el 2014 murieron 169 motoristas en accidentes de tráfico en ESpaña, 22 menos que el año anterior. Los aficionados a las motos reivindican la retirada de la carretera de todos los guardarraíles convencionales y su sustitución por un modelo distinto, sin bordes afilados y testado para aguantar impactos de hasta setenta kilómetros por hora.

En ese mismo lugar fueron esparcidas hace diez años las cenizas de un aficionado fallecido

El mirador se ha convertido en punto de peregrinaje para amigos y familiares