Aquí no hay quien pode

Luis Díaz
LUIS DÍAZ MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

Las bodegas se quejan de la falta de personal cualificado para preparar las cepas

16 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El paisaje de las viñas de la Ribeira Sacra cambia radicalmente según avanza noviembre. Las cepas echan el freno de mano con la llegada de los fríos invernales. Cae la hoja y la planta inicia un letargo que se mantendrá hasta la siguiente primavera. Comienza así la época de poda, que se prolongará los meses de parada vegetativa. No siempre irá al mismo ritmo, ya que muchos viticultores se niegan a podar cuando hay determinada luna. Es un lujo que no se pueden permitir las grandes bodegas. «Nós non miramos ás lúas, somos dos que podan de día», dice con sorna Manuel Gómez, de Val de Quiroga. No es que dude de las creencias tradicionales. Para podar veinticinco hectáreas de viñedo, explica el bodeguero, «fainos moita falta o tempo».

La poda debe estar terminada en las viñas antes de que la cepa despierte de parón invernal. A partir de ese momento, la savia vuelve a circular por su interior y los cortes en la madera motivarían el debilitamiento de la planta. Val de Quiroga dispone de personal fijo en la bodega para llevar a cabo ese trabajo, de gran importancia para el desarrollo de la cosecha. Si no fuese así, lo tendría muy complicado para dar con mano de obra especializada. «Cada vez es más difícil encontrar gente, porque los pueblos se quedan vacíos. La poda es un trabajo complejo, que requiere una experiencia y unos conocimientos. Vendimiar vendimia cualquiera, podar no», dice José María Prieto, de la bodega Régoa.

Prieto tiene como mínimo a dos personas podando diariamente en las diez hectáreas de viñedo que ha reunido en una sola pieza en la ribera de Amandi. «Empezamos a principios del mes de noviembre y no terminamos hasta marzo. Son 34.000 cepas, que se dice pronto», dice el bodeguero. Cinco meses en los que no vale bajar la guardia si se quiere tener la viña podada a tiempo. «Os días son curtos e se vén a auga tes que parar ata que levanta o tempo», detallan en la bodega Val de Quiroga.

Gente de fuera

Entre viñedo propio y arrendado, Algueira trabaja en la actualidad alrededor de dieciocho hectáreas. También recurre al personal de la bodega para la realización de la poda. «El año pasado comenzó a venir alguna gente de fuera, pero no es nada fácil encontrar mano de obra especializada. La poda es un tema delicado y faltan empresas de servicios a las que puedas recurrir», apunta Fernando González. La poda suele compaginarse con otros trabajos propios del parón invernal en el ciclo vegetativo, como la plantación de nuevas cepas, la reposición de bancales o el estacado para las conducciones mediante alambres. Hay empresas de servicios que realizan este tipo de tareas, pero las más cercanas tienen su sede en Valdeorras y Bierzo.

La falta de mano de obra cualificada se compensa, al menos en parte, con la utilización de tijeras de poda eléctricas -que agilizan la realización de estas trabajos- y con las modernas conducciones sobre alambres que proliferan en las viñas. Incluso hay algunas plantaciones con la anchura necesaria para poder realizar una limpieza previa con maquinaria que elimine parte de la madera sobrante. Los avances, sin embargo, sirven de poco sin personal preparado. «En la poda, te juegas la cosecha. Es un trabajo que está bien pagado, pero aquí no encuentras a gente que sepa y que esté dispuesta a estar dos o tres meses podando», señala Fernando González.