Monteagudo, un lugar que se resiste al abandono total

Una aldea de O Incio guarda la fisonomía tradicional de los pueblos de montaña


monforte / la voz

La aldea de Monteagudo se excuentra en un extremo del municipio de O Incio, en el límite con A Pobra do Brollón. Aunque se encuentra aislada en plena montaña, estaba relativamente bien comunicada a través de varios viales y caminos carreteros con otras localidades próximas, como A Veneira de Roques, Ferreiros, A Ferrería y San Pedro do Incio. El descenso demográfico de las últimas décadas la ha dejado al borde la despoblación total. «Hai cincuenta anos que vin para a aldea -dicea Rodrigo Armesto, vecino del lugar- e daquela había seis casas abertas con máis de vinte almas». Hoy el pueblo solo tiene tres habitantes.

Debido al aislamiento y la pérdida de habitantes, Monteagudo ha mantenido sin muchas alteraciones la fisonomía propia de las poblaciones de esta parte de la montaña lucense, si bien muchas construcciones no están hoy en buen estado de conservación. Sus escasos vecinos recuerdan bien los tiempos en que la aldea estaba mucho más poblada y activa. «Cada casa tiña o seu sequeiro para secar as castañas que se recollían nos soutos de Mazas e do Reboiro, cerca de San Pedro do Incio», apunta Rodrigo Armesto. También se cultivaban castaños por encima de la aldea, en el lugar de Tralohorto.

Tradiciones artesanales

En el pueblo funcionaban dos fraguas, la de la Casa do Grilo y la de la Casa do Chancreiro, que se se dedicaban a fabricar y arreglar herramientas y aperos de labranza. Había asimismo tres zoqueiros, entre ellos el señor Miguel de la Casa de Abaixo. «Estaban tamén Manuel O Carreteiro, que traballaba de carpinteiro, e Luís da Casa do Barrio, que era cesteiro», indica Rodrigo Armesto. Fabricaba un tipo de cesto denominado carral, para las patatas, y unas cestas redondas llamadas boxas, utilizadas por las mujeres para llevar la comida al monte. En el pueblo aún pueden verse algunos viejos ejemplares de estas cestas.

La tradición textil artesanal también tenía su lugar en Monteagudo. Había una tejedora que elaboraba prendas de lino en su telar. Por debajo del pueblo está el lugar de A Laga, donde se hallaban unas pozas en las que el lino se ponía en remojo.

Además de las típicas viviendas con cubiertas de pizarra y balcones de madera, en la aldea destacan dos peculiares construcciones. Se trata de dos pozos cubiertos por tejados de pizarra y cerrados con puertas o ventanas de madera. El pozo de la Casa do Gallego está a la entrada de la aldea, tiene unos quince metros de profundidad y dispone de un pilón para abrevar al ganado. El otro pozo es el de la Casa do Grilo y era de uso exclusivo de los propietarios de la vivienda. Estas familias también poseían dos molinos situados por debajo de la aldea, a orillas del arroyo de A Veneira. Están abandonados desde hace más de cuarenta años y se hallan en estado ruinoso. Eran molinos relos, es decir, sin peneira o tamiz, y su producto solo servía para alimentar al ganado. En la parte baja de la aldea hay una fuente con lavadero cuyas aguas eran y son muy apreciadas por los vecinos, aunque ya hace años que existe una traída. El pueblo cuenta también con la capilla de Santa Bárbara, construida hace cerca de un siglo para reemplazar a otra más antigua, de la que quedan algunos restos.

Pero la construcción más peculiar de Monteagudo es un gran foxo o trampa de lobos -posiblemente con siglos de antigüedad- formado por dos muros en forma de uve que se extienden por la ladera del monte. Hace varios años fue catalogado por la Dirección Xeral do Patrimonio.

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