«Aquí se vende más que en la feria»

Carlos Cortés
carlos cortés MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

ALBERTO LÓPEZ

El Ayuntamiento de Monforte se propone regular un mercadillo dominical que nació modesto y que en tres años ha crecido engordado por la crisis

05 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

José Romero lo tiene claro. «Yo vengo porque aquí se vende más que en la feria». Es uno de los vendedores que suele instalar su puesto todos los domingos en el Parque dos Condes de Monforte, en un mercadillo que nació con modestia pero que en los últimos tres años ha ido creciendo hasta convertirse en un lugar en el que se puede comprar casi de todo. El Ayuntamiento prometió regularlo desde un principio, pero solo ahora se ha puesto manos a la obra. Muchos vendedores temen que no les dejen seguir instalándose allí. Está en marcha una recogida de firmas en defensa de la continuidad del mercado.

José Romero es vendedor profesional. Tiene un puesto ambulante de ropa con el que recorre las ferias. Hace cerca de tres años empezó a probar en el rastrillo dominical del Parque dos Condes. «Empecé trayendo solo ropa de segunda mano, porque me habían dicho que era lo que se podía vender», explica. Pero pronto se puso a vender el mismo género que en las ferias. Él asegura que porque vio que llegaba otra gente que vendía ropa nueva. Todos los días 6 y 24 acude al mercado ganadero de Monforte, el lugar de las afueras en el que se celebran las ferias desde hace décadas. Si el día de feria cae a domingo, no lo duda y en vez del irse al mercado ganadero se va al Parque dos Condes.

En paro y sin más ingresos

Pero la mayoría de los que instalan sus puestos en este rastro monfortino tienen un perfil muy distinto. Se parecen más a Domingo González, chapista, pintor e instalador de placas solares en paro que mientras no le sale algún trabajo más lucrativo trata de sacarse unos euros vendiendo todos los domingos antigüedades, pan y, ayer, roscones de reyes. «Esto es lo único que me mantiene medianamente, pero que nadie piense que aquí se hace mucho dinero, porque al principio estuve dos meses sin vender absolutamente nada», afirma. Pero él y los demás vendedores insisten en que este mercado también es bueno para Monforte porque mete movimiento a un día de la semana tradicionalmente «muy parado».

Es cierto que el rastro ha hecho del Parque dos Condes un lugar de visita casi obligada para quienes salen a pasear los domingos por el centro. Como Demetrio Losada y Antonio Rodríguez. Ayer, como muchos otros domingos, se dieron una vuelta por el parque para curiosear entre los puestos. «Eu non vexo que isto moleste a ninguén, ¿por que non vai poder vir a xente a vender o que lles sobra da horta?», decía Antonio Rodríguez mientras su amigo asentía. «¿Porque os que venden aquí algo pagarán, non?», preguntaba. No, no pagan. Los que empezaron sí pagaban una cuota anual de diez euros, pero ya no.

La pagaban los pioneros, un puñado de vecinos, algunos de origen británico o alemán, que a mediados del 2011 decidió poner en marcha en Monforte un mercado callejero como los que se celebran en algunos países europeos y en los que las familias pueden deshacerse de ropa usada o vender postres caseros o pequeños productos de artesanía doméstica. «Cuando decidimos empezar, lo hablamos con el Ayuntamiento, y de acuerdo con ellos decidimos que aquí se iban a poder vender tres tipos de productos: objetos de artesanía o elaboración casera, artículos de segunda mano y excedentes de huerta o productos ecológicos», contaba ayer en su puesto y bajo la sombrilla que la protegía del sol invernal Andrea Jones, una de las impulsoras del mercado.

Tenían una asociación con sesenta personas que pagaban una cuota anual de diez euros, un dinero que les servía para organizar actividades conjuntas. El colectivo trataba de controlar que el mercado no se desmandase, que nadie provocase destrozos en las zonas verdes del parque y que se vendiese solo lo que se podía vender.

Ellos no eran nadie

Dejaron de hacerlo a principios de este año. «En una reunión en el Ayuntamiento -explica- nos dijeron que tenían que aprobar una ordenanza para regular el mercado y que nosotros no éramos nadie para hacerlo por nuestra cuenta». Les dijeron que pronto habría ordenanza y que los llamarían para hablar de ella tras la Semana Santa. Hasta hoy, que siguen sin saber nada oficialmente.