Las últimas setas del otoño en el valle de Lemos

carlos rueda / francisco albo MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

La temporada micológica de este año se alargó un poco más de lo habitual

04 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

La llegada de los fríos hace que ya sea difícil encontrar setas en el sur lucense. La temporada micológica, no obstante, se ha alargado algo más lo habitual gracias a las condiciones de humedad y altas temperaturas que reinaron durante buena parte del otoño. Los ejemplares que aparecen en las imágenes junto a estas líneas fueron fotografiados en diferentes puntos del valle de Lemos en las dos semanas precedentes y probablemente están entre los últimos que se verán este año.

Solo unas pocas especies que han aparecido en esta época en la zona presentan un valor culinario. Estas son algunas de ellas:

Boletus reticulatus. Excelente comestible, muy común en bosques de robles.

Cantharellus cibarius. Muy apreciada en gastronomía.

Cantharellus tubaeformis. Este año abundó mucho en la zona.

Fistulina hepatica. De joven se consume en crudo o en ensaladas.

Hydnum repandum. Como otras hongos, forma amplios corros o hileras.

Lepista nuda. Muy aromático y afrutado, con sabor dulce.

Las siguientes variedades ofrecen poco o ningún interés gastronómico y algunas son tóxicas.

Calocera viscosa. Un hongo poco frecuente que crece sobre restos de madera de coníferas. Se cree que puede ser tóxica.

Clavulina cristata. Con forma de coral, crece bajo las coníferas y las frondosas. No es tóxica, pero su consumo puede provocar trastornos gastrointestinales.

Coprinopsis picacea. Suelta un fuerte olor a alquitrán y es poco abundante.

Dermocybe cinnamomeolutea. Muy frecuente en los pinares, con olor a rábano o patata.

Ganoderma lucidum. Una especie de peculiar aspecto a la que se atribuyen tradicionalmente propiedades medicinales

Hydnellum concrescens. Crece entre la hojarasca en bosques mixtos de frondosas y ofrece un llamativo aspecto, con varias escamas concéntricas.

Hygrocybe coccinea. Con una coloración viva que oscila entre rojo cereza, escarlata y anaranjado. Crece en prados y claros de bosque y es poco frecuente.

Inocybe calamistrata. Propia de bosques de coníferas y frondosas, fácil de identificar por su sombrero con escamas erizadas.

Leotia lubrica. Especie poco frecuente, de consistencia gelatinosa, que crece sobre la madera.

Mutinus caninus. Con forma fálica, desprende un olor fétido que atrae a las moscas para que dispersen sus esporas. Es una especie poco abundante.

Mycena leptocephala. Crece en grupos entre las agujas del pino y es muy abundante. Su pequeño

sombrero mide entre uno y tres centímetros de diámetro.

Pseudohydnun gelatinosum. Tiene un sombrero gelatinoso en forma de espátula. Crece en madera de coníferas en descomposición. Puede comerse, pero tiene una baja calidad.

Rhodocollybia butyracea. Abundante en bosques de coníferas, con olor afrutado.

Scleroderma citrinum. Crece en bosques de coníferas. Cuando madura se abre su ápice, liberando una gran cantidad de esporas.

Scleroderma polyrhizum. En una primera fase de su vida tiene forma globosa y al madurar se abre en forma de estrella.

Stereum gausapatum. Esta especie se desarrolla sobre los troncos de los robles.

Trametes versicolor. Presenta coloraciones muy variables. Crece sobre la madera muerta de las frondosas y los árboles frutales.

Xylaria hypoxylon. Ofrece un aspecto de clavo o rama, con ápices terminados en forma de cuerno. Se reproduce sobre maderas muertas de roble o coníferas.