O Courel, pista para las «amotas»

Carlos Cortés
carlos cortés FOLGOSO / LA VOZ

LEMOS

ROI FERNANDEZ

Récord de participación y artilugios temerarios en la carrera de carrilanas de Folgoso

21 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La de ayer era la tercera carrera de Folgoso, pero en O Courel las carrilanas no son ningún invento de hace dos días. Hace cincuenta años, los chavales de allí ya se lanzaban por las cuestas en rudimentarios coches de madera cuando había fiesta. Solo que no las llamaban carrilanas, sino «amotas». Así que la tradición existía. No había más que recuperarla. Hace dos años corrieron seis, en el 2012 solo cuatro. Pero en la asociación A Coroa no se rindieron y volvieron a programar la carrera dentro de la tercera edición de la Festa da Cultura e a Tradición. Y este año corrieron once, muchas del municipio de Folgoso do Courel, algunas de Quiroga, una de Monforte y otra nada menos que de Valdoviño.

Puede que las «amotas» de hace cincuenta años no fuesen tan elaboradas como algunas de las que se vieron ayer en Folgoso, en una carrera que empezó a la una y media de la tarde. No serían tan profesionales como la que pilotaba Martín Varela, que tiene 11 años y mucha afición por estas carreras. Viajó a Folgoso desde Valdoviño acompañado por sus padres y con un vehículo artesanal a medio camino entre un minifórmula 1 y un coche de choque. Parecía rápido y lo era. Bajó como un rayo el primer tramo del circuito, entre el antiguo colegio y la carretera general, pero el repecho de la carretera le hizo perder muchos segundos.

Otros no solo perdieron segundos por el camino, sino también algunas piezas. Como Adrián Ramos, de 19 años y del pueblo de Vilar, que antes de lanzarse cuesta abajo aseguraba riéndose que solo aspiraba a terminar el recorrido. Hacía bien, porque corrió con la parte delantera de una bicicleta montada sobre una plataforma trasera con las cuatro ruedas de un carrito de supermercado. En la cuesta, las ruedas temblaban como si tuviesen miedo por su conductor. Llegó a la meta, pero más corriendo que pedaleando.

Diez de los once corredores, la mayoría muy jóvenes, completaron los trescientos metros de recorrido hasta la meta de Fondo da Vila. Uno de los artilugios se quedó en una cuneta con un eje partido. No hubo heridos, tampoco entre quienes animaban desde las aceras con aplausos, gritos y hasta una bandera roja de Ferrari.

Lanzamiento de boina y sacho

La fiesta siguió por la tarde, con los campeonatos de lanzamiento de sacho y boina, en los que participaron decenas de personas. El sacho que más voló acabó a diecinueve metros del punto de partida. El mejor lanzador de boina no llegó tan lejos, pero llegó a los diecisiete metros.

«A xente xa está falando da festa do ano que vén», contaba satisfecha Carmen Vergara, presidenta de la asociación organizadora.