Veo bien que el alcalde de Lugo, López Orozco, obligue a que los transportes públicos lleven encendidas las luces de noche y de día. El objetivo es disminuir la siniestralidad y acabar con los accidentes. Si algo falla en la sociedad de ahora es la falta de luces para ver los fallos, los errores y las catástrofes sociales y políticas. En esos tiempos, galopantes y fieros, lo que necesitamos es mucha luz. Luz para ver como el paro siega las esperanzas de muchos. Luz para observar como se mata y se muere en las vías públicas. Luz para ver donde está la solución a la crisis económica que nos consume. Luz, en fin, para buscar soluciones al crimen organizado, a los terrorismos, a la violencia de género, a la explotación del hombre por el hombre, a la miseria, a las guerras tribales, a los genocidios del Tercer Mundo. Y así.
Escribió Schopenhauer: ?Rascad al hombre civilizado y aparecerá el salvaje?. Cabe preguntarse si los males que aquejan al hombre de hoy no son sino producto de su tendencia salvaje. López Orozco, que es profesor, sabe que la perversión social se corrige con la educación. Nos sobran cosas materiales pero nos falta educación, aprendizaje, modelos a seguir. En este país hemos descuidado la educación como remedio social y de convivencia.
No otra cosa significan los comportamientos anticívicos que se observan en las ciudades, las gamberradas macabras, los atentados al patrimonio, las conductas que rozan el delito o son delito mismo. Señaló Harvey que la civilización es, simplemente, una serie de victorias sobre la naturaleza. Así que las luces son necesarias para ver donde ponemos los pies.