En 16 años, la pareja y sus tres hijos biológicos han acogido a más de 20 pequeños desamparados
20 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Los graves problemas de salud que tuvo el segundo de sus hijos biológicos al nacer despertaron en Nieves Guimeráns Meira (58 años) y Francisco María Vidal (57) una conciencia solidaria desbordante. «Pablo -relata la mujer- nació muy enfermito, y había gente que nos decía: ?Este niño está vivo por la familia que tiene?. Ahí me di cuenta de lo difícil que era salir adelante para otros niños que no tenían esa suerte y decidí ir a Lugo a informarme sobre la acogida». Corría el 1995 y en aquel momento solo existía la adopción. Al año siguiente arrancó el programa de acogimiento temporal de menores que impulsa la Xunta, y que desarrolla Cruz Roja. Esta familia de Vilalba está en él desde el principio.
En estos 16 años han recibido en su hogar a Esther, a Óscar, a Sandra y su hijo, a David, a Raúl, a Yolanda, a María José, a Marisa...; así, hasta una veintena de niños y de adolescentes -muchos de ellos son ahora adultos-, tutelados por la administración como consecuencia de situaciones de abandono, maltrato o abusos, entre otros, en el seno de sus familias biológicas.
«Son niños que llegan enfermos físicos, psíquicos y sociales porque arrastran situaciones muy duras, de familias rotas», explica Nieves, que se define como «madre por vocación». En su casa, el diálogo y el sentido común juegan un papel importante. «Ellos no eligieron dónde nacieron y no se puede borrar la historia, pero esa historia es la que los trajo aquí. Por eso les digo: ?Lo que tenéis que hacer es romper la cadena y reponeros. Ahora os toca a vosotros?». «Siento que traen maletas cargadas de historias no bonitas, y algunos añaden más historias no bonitas, pero otros no», añade.
Los Vidal Guimeráns les brindan a los menores un lugar para ser autónomos, compartir y expresarse, pero también para relajarse, divertirse -arrasa el karaoke- o tener un espacio propio porque la casa es enorme y cada uno tiene una habitación.
En contacto con casi todos
En esa gran familia, Nieves, que es pensionista, representa «la autoridad», y Francisco, que tiene una farmacia, «es el colega». La acogida oficial es temporal, pero siguen en contacto con casi todos. Los consideran «sus hijos» y siempre hablan de «futuro». La mayoría regresan a menudo a la casa de Vilalba, y a varios incluso les han pagado una carrera universitaria. Hace seis años, en las bodas de plata del matrimonio, lograron reunirlos a casi todos. «Sufrimientos y disgustos pasas, pero la satisfacción que tienes cuando ves que les va mejor es enorme», sonríe.
nieves guimeráns y francisco marín familia de vilalba en el programa de acogida de menores