La calidad de vida

Manuel Piñeiro

LEMOS

12 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando a un país se le recortan los servicios básicos, su calidad de vida no solo se detrae, sino que se paraliza su progreso y entra en profunda recesión. Si además trasladamos esa metástasis a una ciudad con antecedentes de subdesarrollo profundo, el problema todavía se agravará mucho más.

Es el caso de Lugo, arrinconada por la geografía y olvidada a su suerte por la irresponsabilidad de sus políticos. Antes, se argüía que la calidad de vida de Lugo residía en la tranquilidad de su bajo índice de delincuencia. Y había un fondo de razón Ahora, con la explosión de los casos de corrupción que dan la vuelta al mundo, la presunta implicación de algunos destacados líderes políticos en los mismos, el aumento de la delincuencia callejera, con atracos y robos por doquier, y unas comunicaciones prácticamente paralizadas en su proyecto de desarrollo por la crisis, la calidad de vida de los lucenses está bajo mínimos.

Carecemos de tren y avión a mano para cualquier desplazamiento. Y si nos da un infarto: recemos, porque la angioplastia más próxima está a hora y cuarto de Lugo (Santiago o Coruña). El HULA sigue sin los servicios básicos conocidos y requeridos hasta la saciedad. En la enseñanza, con menos profesores y más deberes para los mismos, ¿se puede mejorar la calidad de la misma para un colectivo peor pagado cada día? Y en el colmo de los colmos, el caos del tráfico y la nula vigilancia sobre los infractores del mismo, salvo la ejercida para los estacionamientos. Esta es la calidad de vida de Lugo.