La producción de variedades tintas de calidad diferentes a la mencía sube en Ribeira Sacra, pero entre todas no llegan al 1% de la cosecha
06 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Si hablamos de vinos, denominación de origen casi siempre es sinónimo de recuperación de variedades autóctonas. Y la Ribeira Sacra, desde la puesta en marcha de su consejo regulador, no ha sido ajena a ese proceso de puesta en valor del patrimonio vitícola. Una reconversión en la que, sin embargo, todo el protagonismo ha correspondido a una sola uva: la mencía. Cepas como el albarello o el merenzao, que se cultivaban mucho antes en los cañones del Sil y el Miño, esperan su oportunidad más de un siglo después de que la filoxera las condenase al olvido.
De un tiempo a esta parte, el viento parece soplar a favor de las minorías en los bancales de la Ribeira Sacra. El merenzao de la bodega Algueira y el albarello de Dominio de Bibei -ambos elaborados en barrica de roble- han sido los dos vinos de esta denominación de origen que han tenido un mayor impacto entre la crítica en los últimos años. Pero la mayoría de las bodegas, habitualmente atentas a los guiños de los gurús, se muestran cautelosas a la hora de experimentar con las variedades tradicionales menos conocidas para el gran público.
El calentamiento ayuda
Fuera de Algueira -que este año elaboró por vez primera un albarello y un tinto de sousón y caíño- Dominio de Bibei y Ponte da Boga -cuyo catálogo incluye un merenzao también en barrica-, las variedades preferentes tintas distintas a la mencía entran en proporciones testimoniales en unas pocas marcas. Aunque en fase de crecimiento, entre todas ni siquiera alcanzan el 1% de la producción de este año.
Los expertos apuntan al potencial de uvas de maduración tardía como sousón y caíño, sin perder de vista que se han visto favorecidas por la excepcionalidad de las últimas vendimias. «Si se consolida el cambio climático, se darán las condiciones para que sigan alcanzando la plena madurez», dice un enólogo. El problema, en todo caso, no está solo en la maduración de la uva. «Es el consumidor, y no la crítica, la que compra el vino», avisa un bodeguero.