El hombre se vio inmerso en un motín a bordo de un atunero de Taiwan
08 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La historia de Luling Wang, el único interno chino de la cárcel de Monterroso, es extraordinaria desde el inicio. Comienza a 10.000 kilómetros de Lugo, en una ciudad del noroeste de China llamada Nanyang (provincia de Henan). Allí nació y creció este hombre de 33 años, que en España ha sido bautizado como Juan.
La aventura que acabó con él entre rejas -fue condenado a 8 años de cárcel por detención ilegal- arrancó en el 2003. «Mi novia, Lang Lang, y yo teníamos trabajo, pero el sueldo no era alto. Teníamos intención de casarnos y teníamos que reunir más dinero», recuerda, antes de explicar que la vida de la mayoría de los ciudadanos chinos se rige por el mismo patrón: mucho sacrificio para pagar necesidades básicas como una vivienda o la manutención de los hijos. «Mis amigos y mi hermana son así, y tienen una vida feliz. Quizás yo soy loco, pero tengo otro pensamiento», revela.
Esa mentalidad lo hizo embarcarse en un atunero de Taiwan. Su idea era ahorrar dos o tres años para vivir sin tantos apuros. La tripulación era china y el capitán y otro oficial eran taiwaneses. Wang pasó año y medio en alta mar, sin tocar tierra, trabajando 18 horas al día por un sueldo de unos 400 dólares al mes, una cifra que en China es un dineral. Los castigos físicos y psicológicos a los pescadores eran continuos. «En esos barcos ellos son dioses -recuerda con la voz entrecortada-, inventan la ley; es de esclavos, pero yo sabía perfectamente a lo que me iba a enfrentar y aguanté por mi ética». En el Año Nuevo del 2005, Lang Lang le pidió a Wang que regresara a China. «La empresa del barco quebró y el sueldo bajó a 180 euros, una miseria en una época en la que en mi país habían subido los sueldos. Ya no merecía la pena seguir en el barco». Él y otro compañero le comunicaron al capitán su decisión de marcharse. El hombre no la aceptó y atacó con un cuchillo. Cerca tenía su pistola. Wang recibió un corte muy profundo en una mano, pero fue capaz de ayudar al otro pescador a reducirlo. Lo ataron. «La vida es así, uno se encuentra cosas que no espera», indica.
O Costa de Marfil o Canarias
Estaban en medio del Atlántico. «La costa más cercana era la de Costa de Marfil, pero allí la corrupción es peor que en mi país, y sabía que un poco más arriba estaban las islas Canarias, que pertenecen a España y que respetan los derechos humanos». Por eso pusieron rumbo al archipiélago, donde fueron detenidos al más llegar.
Los abogados que pagó la empresa lograron que el capitán saliera absuelto y Wang condenado. Comenzó a cumplir la pena en una cárcel canaria masificada, así que hace cuatro años y medio lo trasladaron a Monterroso. «De la cárcel no tengo queja, estoy cumpliendo mi condena, pero me dan todos los beneficios a los que se puede acoger un preso». Le queda un año y siete meses, pero disfruta ya del tercer grado. Cada mes pasa 11 días fuera, en el piso de acogida de Aliad, en A Milagrosa.
en directo luling wang, el único preso chino que cumple condena en monterroso