Arqueología y crisis

Enrique Gómez Souto
enrique g. souto LUGO/LA VOZ

LEMOS

Lugo, sí, esconde la ciudad romana que fue bajo su alfombra de asfalto. En su ayer remoto, que aflora continuamente, tiene Lugo una posibilidad de futuro. Tras décadas de excavaciones, ahora se descubre que en el Concello lucense aún hay quien ve en los restos arqueológicos más un problema que una solución. Sólo así se entiende que las obras de Santo Domingo comenzasen sin proyecto de control arqueológico y con la misma carencia fueran ejecutadas las del Carril dos Fornos. Después de dos décadas de excavaciones, vuelve a ser noticia que la institución municipal incumple sus obligaciones en materia de control arqueológico. Orozco, alcalde que viene de Tierno, olvidó, según parece, algunas de las lecciones del Viejo Profesor: el poder impregna de indiferencia todo lo que no es poder.

Hay crisis económica en Lugo, sí, y se refleja en la subida del 15% que experimentó el paro en el sector de la construcción en el último año. Pero hay también otras crisis, que quizá son la misma crisis. El déficit de atención municipal al estricto cumplimiento de las obligaciones de control arqueológico en las obras públicas es otro perfil del problema. Crisis económica, pero también política y social. En la provincia más tranquila, según frecuente afirmación del subdelegado del Gobierno, José Vázquez Portomeñe, el alcalde de Ribadeo, Fernando Suárez, ve intolerables los frecuentes robos en pisos. Tan activos están los cacos que han desplumado al propio jefe de la Policía Local de Ribadeo. Crisis, sí, eso es lo que hay también en la Policía Local de la que es responsable el alcalde de Lugo. Orozco hace como que no va con él, pero sí va, sí. Ahora un inspector del citado cuerpo acaba de denunciar en el juzgado que el director general, Darío Diéguez, intentó que, por motivos laborales, lo siguiesen dos agentes de la Guardia Civil que investigaban el caso Carioca.

La crisis, que ya mermaba la clientela de bares y cafeterías, se hace más profunda con la prohibición de fumar en estos establecimientos. Por lo menos es lo que dice la Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería, presidida por José Francisco Real, que pide la suspensión de la norma. Quizá comparte Cheché Real la opinión de Gómez Rufo: «(...) las leyes que se promulgan, en lugar de liberar a los ciudadanos, han erigido un Estado-padre que considera menores de edad a sus súbditos» (Carta (utópica) a Tierno Galván). Civilizadamente, en Conturiz han creado un club de fumadores, uno de esos espacios en los que aún se puede disfrutar del pitillo «de xeito tolerante e sin molestar a ningúen», que dijo su portavoz, César Rodríguez.

Y la crisis, sí, estará muy presente en la campaña electoral que ya rueda, aunque le digan precampaña. El Bloque Nacionalista presentó ayer su lista completa por Lugo para las elecciones locales. Antón Bao, aspirante a la alcaldía, lo tiene difícil. Si logra superar la meta electoral sin que el Bloque sufra un grave descalabro habrá alcanzado un éxito más que notable. Bao, actual vicepresidente de la Diputación, se enfrenta a un duro reto. El Bloque, inmerso en una inacabable búsqueda de sí mismo, tendrá muy difícil abrirse hueco entre Orozco (PSOE), correoso y resistente, y Castiñeira (PP), aspirante animoso y empujado por el viento de la crisis y las encuestas. Habrá que ver qué papel juegan en la campaña los sectores que quedaron fuera de la lista.

En Lugo, sí, la crisis no es sólo económica. No ocurre únicamente en Lugo, claro, pero en la vieja ciudad amurallada tiene perfiles propios. El retorno a los viejos modos en el (des)control arqueológico es uno de ellos. Es la indiferencia del poder frente a todo lo que no es poder.

URBANISMO

El Tribunal Superior de Xustiza dio en la semana que termina una alegría al gobierno local lucense. Tras los últimos sobresaltos urbanísticos, al equipo de Orozco le hacía falta un respiro y se lo ha venido a dar la resolución del TSXG que desestima el recurso contencioso contra el estudio de detalle (ordenación de volúmenes) de la polémica edificación en la Rúa Baixa esquina a Chantada.