El que más y el que menos conoce el programa programa «Vacaciones en paz» mediante el cual familias de todo el país -ya sean pareja o una sola persona- acogen a un pequeño saharaui cuya edad oscila entre los 7 y 12 años durante los meses de julio y agosto. En Monforte, gracias a la oenegé Solidariedade Galega co Pobo Saharaui en colaboración con la asociación local Salvador Allende y el Ayuntamiento pueden pasar el verano una docena de niños y niñas saharauis cada año. Se les trae en esas fechas porque el verano allí es extremadamente caluroso. Se superan los cincuenta grados. De esta manera, además de estar en un clima más suave, su alimentación mejora considerablemente en comparación con la que reciben en los campamentos y son sometidos a revisiones médicas para tener controlado su estado de salud. Este año, a excepción de uno de ellos, ninguno de los niños que viajaba a Monforte podrá volver a hacerlo al pasarse de edad para participar en este programa, con lo que quedan libres todas las demás plazas. Para dar a conocer este dato y animar a los monfortinos a acoger a un niño este verano, los representante de Salvador Allende, Carlos Rouco y de Solidariedade Galega co Pobo Saharaui, Maite Isla y Emilio Portela , dieron ayer una rueda de prensa en la que explicaron como funciona el programa y que debe hacer alguien que quiera participar acogiendo a un pequeño. Si es usted uno de los interesados solo tiene que acudir a los servicios sociales del Ayuntamiento a solicitarlo o a través del teléfono 986262637. Según Isla, el objetivo de la asociación que preside es que este año -especialmente duro para los más pequeños dada la represión a la que está sometiendo Marruecos al pueblo saharaui- puedan disfrutar de unas vacaciones en paz medio millar de niños. Poco civismo. Esta experiencia se repetía cada verano, coordinada por la Asociación Chantadina de Solidariedade co Sáhara (Achass), en Chantada. Uno de sus miembros, Anxo Moure, sabe bien lo difícil que resulta encontrar familias dispuestas a acoger niños saharauis durante el verano. Familias que acoja a los pequeños y la colaboración económica -municipal normalmente- para pagar los gastos del viaje. A Moure nos lo encontramos ayer en lo alto del Monte Faro poniendo remedio al poco civismo de las personas que participan en las romerías que se celebran en el santuario que hay en el lugar. En vista de la cantidad de desperdicios que recogió en su «minicleta» -el cajón con ruedas en el que, enganchado a una bicicleta, suele transportar cuentos- nadie se acordó de recoger la basura que quedó esparcida por el lugar después de la última celebración. Un mal muy común en las fiestas de campo.
Alumnos del tercer curso de los estudios superiores de Diseño de Interiores de la Escola de Arte e Superior de Deseño Ramón Falcón recogieron el guante que les lanzó la Xunta de Galicia y cinco de ellos elaboraron una propuesta para una hipotética reforma de la cafetería del edificio multiusos de la Xunta en Lugo. Las ideas y proyectos que aportaron forman parte de una exposición que ayer abrió sus puertas en dicho edificio. Para la remodelación de la cafetería de la Xunta, Tamara Fernández Lodeiro propuso un conjunto armónico entre el exterior y el interior. Verónica Rodríguez Corral se decantó por un proyecto que contempla tres espacios distintos en la cafetería, una zona de estar con libros y exposiciones y una terraza en el jardín. Diego López López eligió módulos que permitan adaptar los espacios a las necesidades del local. La propuesta de Mireia Barcos Olloquiegui se basa en un espacio mixto en el que convivan la cafetería y la sala de exposiciones. Ya por último, Victoria Rega González ideó una cafetería llena de luminosidad y con los espacios muy bien aprovechados. Más ideas. La cafetería de la Xunta no fue el único espacio sobre el que trabajaron estos estudiantes de Diseño de Interiores para realizar sus proyectos fin de carrera. Así, Verónica Rodríguez elaboró otras dos originales ideas: una para una boutique de moda y complementos y otra para la rehabilitación de una vivienda unifamiliar. Los otros dos proyectos de Tamara Fernández estuvieron centrados en una tienda de zapatos de diseño y en una taberna de la Praza do Campo. Otro local de hostelería del casco histórico lucense sirvió de inspiración para el proyecto de Victoria Rega. Hubo otros alumnos que también cursan estudios superiores de Diseño de interiores en la escuela Ramón Falcón que enfocaron sus ideas por otros derroteros. Pilar López Cupeiro, por ejemplo, proyectó un estudio-taller de artes plásticas en la localidad de Cospeito. Ana María García Porta hizo su diseño sobre cómo equipar y amueblar el Centro de Convivencia y Casa das Linguas de A Piringalla. Un puesto para el mercado del Arde Lucus fue el eje del proyecto de Fernando López-Quiroga Teijeiro. Finalmente, Miguel Ángel Barreiro Vilariño fue el único que optó por la escenografía, diseñando la de la obra teatral A hora das cerdeiras, del Aula de Teatro del Concello de Lugo.