Ninguna pizarrera tuvo que dejar de producir por el paro

Carlos Cortés María Cobas MONFORTE|O BARCO/LA VOZ.

LEMOS

30 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En el año 2001, el año de la anterior huelga general, la extracción de pizarra empleaba en la comarca de Quiroga a cerca de cuatrocientos trabajadores en cuatro empresas. Estos nueve años han visto adelgazar drásticamente el sector, de manera que solo quedan dos empresas y la suma de sus plantillas no llegan a las doscientas personas. Pero no todo son cambios. La respuesta a la convocatoria del 2001 fue minoritaria. Igual que ayer. La huelga también tuvo una incidencia escasa en las empresas de la comarca de Valdeorras.

En el caso del sur de Lugo, la cantera que explota Cupa en el lugar de A Campa, en el municipio de O Courel, abrió y trabajó durante toda la jornada, pero a un ritmo menor al de un día normal. Según las fuentes consultadas, faltaron al trabajo veinte de las alrededor de ochenta personas que están en plantilla, lo que supone un 25% del total.

En el caso de las pizarreras de Piquisa, la actividad fue completamente normal. El paro no tuvo incidencia alguna.

El panorama en Valdeorras fue similar. Si se paraba la pizarra, la huelga sería un éxito. Es el sector que mueve la economía en Valdeorras, así que los sindicatos apostaron fuerte. A las cinco de la mañana los piquetes informativos de Comisiones Obreras y CIG ponían rumbo al cruce de Sobradelo con la intención de disuadir a los que pretendían acudir a trabajar a las canteras.

Por otro camino

La medida fue bien durante el primer turno, porque apenas pasaron media docena de coches, que dieron la vuelta ante la presencia de la veintena de personas en medio de la calzada (que estaban bajo la atenta vigilancia de una docena de guardias civiles, que en ningún momento tuvieron que intervenir); pero perdió fuerza cuando comenzaron a llegar los del turno de las ocho. Los primeros coches que aparecieron por Sobradelo dieron la vuelta sin remilgos, todos, así que los sindicalistas desconfiaron de que estuviesen tomando un desvío alternativo. Y así era, así que montaron otro piquete en la carretera de acceso a Candís, y entonces ya quedó todo visto. Los que habían madrugado querían ir a trabajar y uno a uno, a pesar de las palabras de los piquetes (que en los últimos diez minutos cambiaron las explicaciones por los gritos de «vendidos»), todos fueron enfilando hacia las canteras.

A las ocho era evidente que más del 90% del sector estaba trabajando, y de los que faltaron, muchos ya habían recuperado el día el pasado sábado (medida que adoptaron algunas empresas para evitar encontronazos con los piquetes). Así que los sindicatos (no hubo ningún delegado de UGT -su responsable achacó su ausencia a problemas personales-, lo que despertó las críticas de las otras dos centrales, que atribuyeron a esta razón parte del fracaso, la otra mitad fue a la presión de la patronal) decidieron abortar el resto de actividades previstas para la jornada. «No nos parece razonable tratar de parar el comercio o la hostelería cuando la pizarra está trabajando», comentaba Luis Alba desde CC.OO. El resultado fue que solo unos pocos comercios cerraron en O Barco ayer; el resto abrieron con su horario habitual o según fueron viendo que la situación estaba tranquila. A mediodía, Valdeorras vivía un día cualquiera, como hoy.