La ruta hacia Santiago cruza en varios puntos por carreteras y vías de tren sin medidas de seguridad para los peregrinos
16 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Aglomeración, masificación, «moreas e moreas», y un sinfín de palabras describieron la etapa de ayer entre Sarria y Portomarín. Sustantivos que llenaron la boca de los peregrinos mientras los vecinos de Sarria, Paradela y Portomarín veían como un día más, el Camino se llenaba. Carlos Zamudio y Ana Aromí, acostumbrados a la soledad de las etapas que van de León hasta Sarria, decidieron hacer ayer su parada unos kilómetros antes de llegar a Portomarín. Después de semana y media caminando, estaban cansados y querían tomar un respiro para enfilar con fuerza los últimos 97 kilómetros hasta Santiago. Atrás dejan paisajes, recuerdos, conversaciones con otros peregrinos, pero también momentos en los que las vidas humanas apenas importan. Tramos en los que hay que jugarse el pellejo para seguir hacia el Apóstol.
En las tres etapas que La Voz de Galicia ha recorrido hasta el momento con los peregrinos catalanes, varios han sido los puntos en los que ha habido que pisar la carretera sin saber si un coche se llevaría por delante a algún peregrino. La etapa entre O Cebreiro y Triacastela es quizá la más peligrosa. En ese recorrido, el peregrino tiene que cruzar la carretera hasta en cinco ocasiones sin saber si vienen vehículos. Estos cruces suelen contar con una curva o un cambio de rasante que impide que la visibilidad sea la precisa, lo que hace que pasar al otro lado del camino sea más arriesgado todavía.
La etapa entre Triacastela y Sarria también cuenta con sus inconvenientes. Entre ellos, la proximidad de la calzada al camino. Al mismo nivel, y sin un quitamiedos que proteja al caminante, la senda de tierra bordea la carretera mientras el peregrino tiene que vigilar temeroso por si un vehículo a más velocidad de la debida se sale y le arrolla.
Saltando árboles
En la etapa recorrida ayer, entre Sarria y Portomarín, el súmmum de las sendas inseguras sale a relucir. Pocos kilómetros después de salir de la localidad sarriana, un paso a nivel sin barreras sorprende al peregrino en mitad del camino. Las vías del tren, que cruzan el lugar, cuentan con una pequeña plataforma, pero de nada sirve que el peregrino pueda cruzar cómodamente si ni siquiera sabe si es buen momento para hacerlo.
A estos riesgos se suman los generados a raíz de una naturaleza modificada en función de las necesidades de las instituciones. Poco antes de llegar a Sarria desde Samos, unos troncos dificultan el paso de peregrinos en bicicleta. Por si fuera poco, unos metros más abajo, unos troncos tumbados sobre la senda hacen que el tortazo esté asegurado.
Mañana revisaremos el estado del camino entre Portomarín y Palas de Rei, la última etapa dentro de la provincia de Lugo.