Más de un lustro después de que se empezase a gestar el proyecto, el futuro del auditorio de Chantada comienza a aclararse. El dinero del segundo Plan E y el que llegará de la Diputación dentro de la tercera y última entrega de la partida para pagar la deuda del canon deberían bastar para que el salón de actos del futuro edificio municipal multiusos esté listo para estrenar antes de las elecciones municipales que se celebrarán dentro de un año. Eso esperan al menos los responsables municipales, conscientes del golpe de efecto que supondría el estreno en vísperas electorales de un servicio que acaba con una carencia histórica, porque Chantada es la única cabecera de comarca de la provincia con más de 5.000 habitantes y sin un auditorio público.
Claro que para conseguir ver el auditorio terminado antes de que pasen doce meses será preciso que la Diputación se dé prisa. La segunda fase de las obras está a punto de empezar, porque el Ayuntamiento cerró la semana pasada su adjudicación a la misma constructora que hizo la primera. La empresa tiene que gastar los 400.000 euros del Plan E asignados a este proyecto en no más de siete meses. El alcalde espera que la Diputación adjudique el siguiente paso de las obras sin esperar a que termine el actual. El tiempo es tan justo que si hay parón por el medio, el auditorio ya lo inaugurará el Gobierno municipal que salga de las urnas del próximo mes de mayo.
La primera fase de las obras, pagadas con el primer Plan E, permitieron levantar la estructura de la parte del multiusos que será ocupada por la escuela municipal de música y la del edificio sindical. Pero el auditorio es otra cosa. Su apertura permitiría hacer visible la utilidad práctica del proyecto público más ambicioso, y caro, acometido en Chantada en las últimas décadas. Porque el edificio en el que irá forma parte de un plan heredado del anterior Gobierno local que necesita una inversión aproximada de cinco millones de euros para ser realidad, la misma envergadura que el saldo final de la deuda del canon.
Su carga simbólica es evidente. Y no solo porque, en palabras del alcalde, el nuevo edificio vaya a «cambiar a cara de Chantada», por su aspecto ultramoderno y porque su parte superior servirá de acceso peatonal entre la parte alta del casco urbano y el centro. Además de eso, también es en cierta manera un símbolo político. El último gobierno local del PP intentó sacarlo adelante casi a la desesperada hace cuatro años, con la firma de un convenio que al final no se aplicó. El viejo Ayuntamiento llevaba meses desalojado y el anterior alcalde trató de buscar un complicado acuerdo a múltiples bandas con diferentes consellerías. Pero llegaron las elecciones, y la antigua casa consistorial seguía vacía y en pie.
«Non recibimos nada»
«O que nós recibimos non foi nada -dice el actual alcalde, Manuel Anxo Taboada-, era un convenio teoricamente de varias anualidades, pero nin había un proxecto nin ese convenio financiaba a súa redacción». Así que fue preciso cambiar el acuerdo para que la Xunta pagase el derribo del edificio antiguo y los más de 100.000 euros que cobró por el trabajo el estudio del arquitecto Plácido Lizancos. Después, llegaron el Plan E y su inesperada lluvia de dinero y los fondos del canon. El alcalde admite que eso facilitó las cosas, pero no quiere hablar de suerte. «A sorte haina que buscar -dice-, e o certo é que o edificio se está facendo grazas á Xunta de Touriño, ao Plan E do Goberno central e ao pago do canon por parte da Deputación». Taboada dice confiar en que la actual Xunta responda positivamente cuando el Ayuntamiento le pida dinero para terminar el edificio con la construción del ala que ocuparán las oficinas municipales y de la Policía Local.