La memoria viva del ferrocarril

Luis Díaz
Luis Díaz MONFORTE/LA VOZ.

LEMOS

Sesenta y cinco años después. Foto tomada en el año 1945 en el patio del antiguo Hotel Palace de Monforte, situado en la calle Cardenal, donde se ubica actualmente la cafetería Lienzo. Los ferroviario
Sesenta y cinco años después. Foto tomada en el año 1945 en el patio del antiguo Hotel Palace de Monforte, situado en la calle Cardenal, donde se ubica actualmente la cafetería Lienzo. Los ferroviario ALBERTO LÓPEZ

La celebración de la festividad de San Fernando entre los ferroviarios de Monforte se remonta al año 1921. Miembros de la antigua residencia mantienen aún la tradición

03 mar 2026 . Actualizado a las 13:30 h.

Tal día como hoy de 1945, un grupo de ferroviarios de Monforte posaban en el antiguo Hotel Palace para el fotógrafo junto a oficiales de la plaza militar de la ciudad, que entonces tenía su sede en el actual edificio de juzgados. Festejaban el día de San Fernando, patrón del arma de ingenieros, ex prácticos y zapadores ferroviarios. Entre ellos estaba Emilio López Arias, actual decano de la residencia local de tracción de militares de ferrocarriles, que a sus 83 años no faltará hoy a una celebración que reúne puntualmente, un año tras otro, a la memoria viva del ferrocarril en Monforte.

Todos los que aparecen en la foto de 1945, y también los que hoy celebrarán de nuevo en Monforte la festividad de San Fernando, hicieron el servicio militar en las diferentes escuelas de tracción, estaciones y trenes, y zapadores que funcionaron en Valladolid, Zaragoza y Madrid. Este sistema, suprimido por Azaña en los agitados tiempos de la República, volvería a aplicarse entre los años 1940 y 1983. De ahí que oficiales y ferroviarios compartiesen antaño la celebración. «Acababas la formación profesional y militar y salías con un puesto de trabajo y con la categoría de suboficial», explica José Gonda.

Aquellas escuelas acogían mayoritariamente, previo examen de ingreso, a hijos y huérfanos de ferroviarios. No eran exclusivas para ellos, pero de cada cien plazas un par de ellas podían ir a parar a personas ajenas al ferrocarril. La formación militar de los trabajadores de Renfe -y antes de Ferrocarriles del Norte- tenía un objetivo claro: garantizar la disciplina de la plantilla, desde maquinistas a personal de mantenimiento, en un área tran estratégica como las comunicaciones de tren y metro.

«No podía haber huelgas por seguridad y en cuanto surgía algún amago la consigna era 'galones y orden'. Por eso al licenciarnos todos seguíamos ligados al ejército como oficiales de complemento», dice Gonda en una tertulia en la que participan también Emilio López, Emilio Cuesta y Antonio Calvo. Son representantes de distintas promociones de la residencia de Monforte, orgullosos todos de aquella condición castrense. «Llevábamos gorra de plato y todo. ¡Íbamos más elegantes que la leche!», rememora Emilio López, el decano del grupo, durante la conversación.

Son vidas las suyas que, al igual que la historia reciente de Monforte, no se entenderían sin la presencia del ferrocarril. «Mi abuelo paterno, mi padre y sus dos hermanos eran ferroviarios. Hasta mis tía paternas se casaron con ferroviarios», presume Gonda, que desde hace semanas anda a vueltas con el San Fernando. Es su vínculo, y el de sus compañeros, con el añorado ferrocarril.