Ganadería contra viento y marea

LEMOS

Algunos ganaderos de la parroquia de Labrada reinician su actividad tras el sacrificio de su cabaña, en tanto que otros parecen al borde de la retirada

21 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

A mal tiempo, buena cara. En la parroquia abadinense de Labrada, como en otras de la zona alta del municipio de Abadín, se sabe lo que son las inclemencias de inviernos rigurosos como el actual. Pero vecinos como Javier Prieto no solo soportan los contratiempos procedentes de la estación sino también los derivados de las adversidades de su actividad económica.

Su explotación, dedicada a la ganadería de carne, fue una de las afectadas por un brote de brucelosis descubierto el año pasado. La noticia trascendió en el mes de agosto, pero fue suficiente para enfriar el ánimo por sus consecuencias, reflejadas en el sacrificio de 23 vacas adultas y tres becerros.

No era la primera vez que le pasaba, pues hace doce años soportó por primera vez esa situación, que se repitió hace un lustro. Fue, eso sí, el brote de consecuencias más graves, puesto que los otros dos solo implicaron el sacrificio de dos reses enfermas. Pero ni siquiera un revés como el del 2009 parece capaz de doblegar el ánimo de este ganadero, que en octubre mandó las reses a un matadero de Culleredo.

Ahora, ya en el 2010, parece buen momento para recordar otro refrán: Año nuevo, vida nueva. La vida no es del todo nueva, porque sigue girando en torno a la ganadería, pero sí serán nuevos los animales que permitirán reiniciar la actividad en su explotación. Ha comprado a un ganadero ocho vacas, a un precio que en ningún caso bajó de 1.200 euros, y mientras espera su llegada para dentro de varias semanas, prevé más adquisiciones.

Un medio de vida

Las reflexiones de este ganadero, de 43 años de edad, reflejan más serenidad que aflicción. «Dende que empezas, tes que pensar que de algo tes que vivir; tes que facer para comer», afirma. Lo que hizo fue deshacerse de su cabaña -los terneros que no tuvo que sacrificar fueron vendidos por medio de la cooperativa ribadense Os Irmandiños, de la que es socio-, cuestión que para otros vecinos de la parroquia, afectados por la misma situación, supuso el final de la actividad ganadera al decidir no comprar más animales.

Una cadena

Prieto responde con una pregunta cuando se le pregunta si la brucelosis como el 2009 afectó a la parroquia: «¿Cómo non se vai notar?», dice. Acto seguido explica que la ganadería es una cadena en la que los veterinarios, los fabricantes de pienso o los vendedores de productos fitosanitarios son eslabones que necesitan la existencia de campesinos criadores de reses para mantener su actividad.

El brote del año pasado no fue el primero en la zona. Prieto asegura que el ganado está cada vez más saneado, aunque no encuentra una razón clara para que reaparezca la enfermedad. Según datos aportados por la Xunta en agosto, Abadín tuvo 22 casos positivos en el 2008 y 13 en el 2009. ¿Por qué hay aún brucelosis? «Haina...», dice el ganadero.

En cualquier caso, tan importantes como esos datos oficiales son otros que maneja este vecino de Labrada. En unos 42.000 euros se sitúa la inversión que tiene en su explotación, incluidas maquinaria y fincas, y los números fueron un argumento sólido para seguir contra viento y marea pese al revés que supuso la enfermedad del ganado y al desconcierto de los primeros momentos.

«Quedas que non sabes qué xeito has coller», explica. Pero agrega que mientras un empleado puede cambiar de empresa, un ganadero es a la vez empresario y obrero, con lo que eso conlleva. ¿Puede pensarse también que al ganadero le cuesta más marcharse? «Quizais si», admite Prieto, cuya opinión parece bien fundada.