Ninguna de las cinco personas que aparecen retratadas sobre estas líneas parece disgustada, y eso que lo que llevan en la cara no es precisamente un tratamiento cosmético, sino una mejunje preparado con ceniza, agua y otros ingredientes orgánicos que le proporcionan un cierto olor desagradable. En todo caso, nadie se enfada, porque todos sabían a lo que iban. Era lunes de Carnaval y estaban en Salcedo. Al Oso de Salcedo le tocaba salir de su guarida invernal para cumplir con la cita anual de uno de los carnavales tradiciones más peculiares de Galicia. La de ayer fue, además una de las fiestas más limpias de los últimos años, valga la contradicción. Fue más limpia porque no hubo tanta aglomeración de público como en las ediciones anteriores. En Salcedo les gusta que la gente de fuera quiera ver su carnaval, pero también les preocupa que demasiada turistización pueda alterar el carácter de la fiesta. Con ese espíritu, los vecinos de una de las casas que da a la plaza en la que el público espera al Oso colgó en el edificio carteles que ponen precio al alquiler de su ventana para los cámaras, fotógrafos y curiosos que quieran el mejor sitio para ver las correrías del Oso. Pero, ya les digo, no fue el mejor año para hacer negocio, a pesar de que el sol no dejó de lucir en todo el día y de que había visita. De Chantada, en concreto. Intercambio de máscaras. De Chantada llegaron las máscaras del Entroido Ribeirao. En un prólogo insólito a la salida del Oso, desfilaron por Salcedo dos de los vistosos Volantes chantadinos y un buen puñado de Mecos y Peliqueiros de los carnavales populares de ese municipio. Devolvían así la visita que el Oso había hecho ocho días antes a la parroquia ribereña de Santiago de Arriba, que celebraba el Domingo Corredoiro. Un año especial. En realidad, la de ayer fue la tercera ocasión en la que las máscaras de los carnavales de Salcedo y Chantada compartieron fiesta. Lo hicieron también el viernes pasado en Lugo, en un desfile organizado por la Diputación con el objetivo de reivindicar la vigencia de los dos únicos entroidos populares que sobreviven en la provincia. Posiblemente para recalcar el empeño de esa institución por respaldar estas fiestas, ayer se dejaron ver en Salcedo los diputados provinciales Antón Bao y Antonio Veiga . Fueron prácticamente la única representación institucional llegada de fuera de A Pobra do Brollón, al contrario de lo que venía siendo habitual en los últimos tiempos, en los que el desembarco de políticos llegó a ser espectacular. ¿Será porque este no es año electoral? Si es así, prepárense para el 2011, que vienen las municipales. Para entonces, ya estarán en plena precampaña incluso los políticos locales. Como el alcalde, José Luis Maced a (el primero por la izquierda en las fotos de arriba) , que ayer volvió a ser una de las primeras víctimas del Oso. Todavía salió peor parado el delegado municipal de Cultura, Javier González , al que el Oso y sus criados sometieron a un tratamiento especial que lo dejó no solo embadurnado de ariba a abajo, sino también en calzoncillos.