De los últimos carboneros de Lugo

LEMOS

La nieve y el frío han aumentado los encargos de roca mineral para chimeneas y cocinas, como explica Esther Neira, dueña de una de las pocas carbonerías que resiste

12 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Hubo un tiempo en el que el carbón, junto con la leña, era el producto que más utilizaban los lucenses para calentar sus hogares y sus fogones. Las mejoras eléctricas y la irrupción de nuevos combustibles, como el butano, el gasóleo de calefacción o el gas natural, redujeron su demanda considerablemente, pero no han logrado acabar por completo con ella, como explicó ayer Esther Neira López, propietaria de Carbonería Piñeiro, según afirma, «a única que queda en Lugo».

Al parecer, el mercado del carbón tiene una clientela más o menos estable. En el centro de la ciudad amurallada sobreviven pocas calderas calefactoras que funcionen con el mineral, pero en las afueras y en poblaciones más pequeñas hay numerosas casas de campo que siguen teniendo cocinas o chimeneas francesas que se alimentan con carbón. «Ás aforas están poñendo moitas», sostiene la carbonera.

«Non é como era anos atrás, pero sigue tendo demanda -aclara-; e ao haber pouco quen venda, nós imos tendo ben traballo». Y más en estas semanas de intenso frío, en las que el mercurio de los termómetros a duras penas ha alcanzado los tres grados centígrados, y la nieve y el hielo han condicionado el día a día de los lucenses.

«O resto do ano o que está funcionando moi ben é o carbón vexetal para as parrillas», indica la mujer, que se aprovisiona del mineral «na zona de Asturias». Su padre también fue carbonero en Lugo y dejó el negocio a su hija, que en estos momentos disponde de dos furgones de reparto, una nave de almacenamiento en la carretera de Friol y un bajo en Lugo, en una calle próxima al Hospital Xeral.

En sacas de treinta kilos

¿Cuánto cuesta? En estos momentos, el kilo se cotiza entre 33 e 35 céntimos de euro. «Vén ensacado, en sacos de trinta kilos», señala Esther. Los pedidos son muy variables. «Algunha xente pide dez sacos, outra quince, outra vinte...».