«Vendo muchos cuadros porque soy natural con la gente, nunca actúo»

LEMOS

Respetar y valorar al público es fundamental para el artista, que mañana inaugurará la muestra «Los violetas de...» en Lugo

20 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Trabajador de la Fundación Caixa Galicia, pintor y profesor de pintura, presidente de la oenegé Ancianos del Mundo, colaborador de varios colectivos sociales lucenses... Así de polifacético es Miguel González Franco (Lugo, 1951), sin duda, una de las caras más conocidas de la ciudad amurallada. Después de tres años sin exponer en Lugo, mañana (sala Almirante del hotel Méndez Núñez, 20.00 horas) inaugurará «Los violetas de Miguel González Franco», una muestra que permanecerá abierta hasta el próximo 6 de enero, en horario de doce a dos por las mañanas y de siete a nueve y media por las tardes.

-¿Qué aporta su nueva exposición?

-Presento 61 óleos de paisajes y flores vistos desde el prisma del color violeta. El elemento común es que todas las obras llevan ese tono, pero con mi estilo propio, que he ido consiguiendo a través de los años. Y que alguien vea un cuadro sin firmar y que sepa que es tuyo es una satisfacción.

-¿Se puede vivir de la pintura hoy en día?

-Vivir no, pero es un buen complemento. Alguna gente me dice: «Miguel, vas por ahí adelante con las exposiciones y siempre vendes, ¿cómo haces». Yo no hago nada, vendo muchos cuadros porque soy natural con la gente, nunca actúo. Para mí es un estímulo, porque me gusta el contacto con el público.

-Aunque su nombre no sea el más conocido, su currículum es amplio: ha organizado más de 50 exposiciones individuales en toda Galicia, Ponferrada, Salamanca o Aranda de Duero, entre otros, y probablemente sea uno de los artistas lucenses que más vende...

-Me encuentro valorado, respetado y querido. A mi me hace ilusión que quien viene a mi exposición pueda adquirir obras que le gustan, y para que la gente pueda llevárselas los precios deben ser asequibles, no prohibitivos. No hay mayor satisfacción que una pareja que ve un cuadro que le gusta y, que al conocer el precio, se mira y dice: «¡Nos lo llevamos!». En la nueva exhibición, por ejemplo, los cuadros costarán 150, 250, 500 y 700 euros. Y ya están enmarcados. Son precios pagables para cuadros ponibles, que son únicos, exclusivos. Yo no quiero acaparar mi obra, disfruto compartiéndola. Mi vida es compartir.

-Para lograr esa aceptación, ¿atender al público es fundamental?

-Mis exposiciones son vivas como las mareas, directas y atendidas. Estoy siempre en la sala, con la gente. Respeto y valoro mucho que acudan, hablo, me cuentan, me ven pintando... Me interesan sus críticas, que opinen, que se emocionen. Me valen de mucho porque me ayudan a corregir cosas, a continuar. Tengo por norma atender a la gente, no despacharla; al contrario de lo que hace quien está en la sala sentado y sin hablar con nadie. Y por eso alguna gente dice: «¡Usted no es de los raros!». Dejo que prueben los cuadros en casa y si no quedan bien se lo digo, no engaño a nadie. Eso es lo que valora la gente.

-¿Está notando la crisis?

-Un poquito siempre se nota, pero la verdad es que no me puedo quejar.

-Además de pintar, también enseña, ¿cómo desarrolla esta faceta?

-Con Asfem, que preside de Pilar Osorio, con la asociación de viudas de Aurora Carro... Además, en mi estudio privado, también doy clases.