Una día de libertad en el camino

Un grupo de internos del centro penitenciario de Monterroso que participan en el programa internacional Grundtvig peregrinó entre Triacastela y Sarria


Cuatro internos del centro penitenciario de Monterroso acompañados por el director, Víctor Fraga, el responsable del aula de adultos, Pedro Cantero, el intérprete, Alí, y personal del centro, completaron la etapa del camino de Santiago entre Triacastela y Sarria.

La actividad se enmarca dentro del proyecto europeo Grundtvig en el que participan España, Noruega, Turquía, Alemania y Francia. La iniciativa está encaminada a favorecer la convivencia entre los internos de distintas nacionalidades. Por ello en la experiencia de hacer el camino participan un francés, un chino, un marroquí y un venezolano.

Para seleccionar los grupos buscan personas que realmente se interesen por el programa y que están capacitadas y dispuestas a tomar notas de todas las experiencias que viven en las salidas programadas. El objetivo final es reunir lo más importante de estas anotaciones en un libro que tienen previsto editar.

Los participantes en la caminata destacaron lo importante que era para ellos poder estar casi un día completo en libertad, a lo que añadían la experiencia de hacer una etapa del camino Francés, que manifestaron no conocer hasta que se plantearon la salida, y más por poder disfrutarlo en pleno contacto con la naturaleza.

El esfuerzo físico fue lo que menos les importó en una jornada en la que destacaron la belleza del paisaje y muy especialmente la vista del cenobio samonense desde lo alto de una montaña por la que transcurre el camino.

El mejor momento del día fue la llegada al monasterio de Samos en el que fueron recibidos por el prior, José Luis Vélez, quien les mostró todas las instalaciones. «Nuestras habitaciones se llaman celdas, como las vuestras, pero muchas veces vosotros y nosotros somos más libres que la gente que está fuera», manifestó en una de sus intervenciones.

La comida, el mismo menú de un día normal en el penal, la celebraron en un lugar de excepción, el refectorio del monasterio. La realidad es que las personas ajenas al grupo que participaron en el almuerzo alabaron las habilidades de Víctor, el mâitre de la prisión.

El único pero de esta experiencia fue el mal tiempo, a pesar de que en el grupo viajaba un experto metereólogo que había vaticinado chubascos sin importancia.

La siguiente etapa será desde Sarria hasta Portomarín, pero después de la mojadura de ayer los expedicionarios manifestaron que habrá que esperar a la primavera para vitar sopresas desagradables.

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