La política del botellón

LEMOS

El PP estrena ejecutiva provincial presidida por Barreiro mientras los socialistas se recuperan de una mala semana

01 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Lugo, ya se sabe, es una ciudad tranquila, de vivir pausado, de ritmos lentos y tiempos largos. Lugo es así siempre que le dejan sus políticos, cuando no enredan lo que no está enredado ni lían madejas que después hay que desenredar. En eso, en desliar lo que liaron, andan estos días los que por la vía del planeamiento y los acuerdos municipales permitieron lo que ahora no quieren ver en la urbanización de O Garañón. Por el camino del enredo caminan también los que quieren imponer la ley seca en las calles de la capital, los que pretenden prohibir el botellón. En Lugo, ciudad de mucha solera y pachorra, el PP celebró ayer su congreso provincial y eligió presidente a José Manuel Barreiro en ambiente de calma chicha, ajeno, al menos en apariencia, a la herida por la que se desangra en Chantada. Por esta vez, la institución lucense sometida a la investigación de la Justicia no es de color popular. Esta vez le tocó al PSOE.

El PP aprobó el Plan General de Ordenación Urbana de 1990 que lo hizo posible. El PSOE dio el visto bueno a un desarrollo urbanístico del que nunca se sintió satisfecho. Populares y socialistas se han cansado de echarse mutuamente la culpa de la urbanización, ya iniciada, de la unidad de actuación de CS-5, que es lo mismo que decir de la edificación en la finca O Garañón, al pie del Parque de Rosalía. Ahora intentan, con más o menos convencimiento, deshacer el entuerto, pero el asunto tiene mal remedio.

Sólo un cúmulo de circunstancias favorables evitará que el proyecto se ejecute o que el Concello (vale decir los lucenses) acabe pagando un montón de dinero. Ya se verá. En este asunto ha quedado de relieve la capital influencia que puede tener en la vida de la ciudad el movimiento vecinal, la voz de la calle. La persistencia, resistencia y determinación de la Asociación en Defensa do Parque Rosalía de Castro, y señaladamente de Marcos Bourio , ha forzado a la institución municipal a buscar vías para aminorar el impacto visual que producirán los edificios proyectados.

El problema urbanístico de O Garañón seguramente le hubiera parecido muy poca cosa al alcalde de Castro de Rei y a los concejales detenidos con él (todos quedaron en libertad sin fianza) cuando se vieron conducidos al juzgado. ¿Qué pasó realmente en Castro de Rei? Es probable que haya que esperar algún tiempo para tener una respuesta a la pregunta desde el campo de la Justicia. Pero, ¿y si no pasó nada? Hace unos años, se sentó en el banquillo de los acusados un alcalde de Lugo, Tomás Notario , por lo que se denominó como el caso Coherpu. Todo quedó en nada en el campo judicial, pero no en el de la imagen del político. En la vista, el fiscal intentó echar la sombra de la duda, más allá de la acusación concreta a la que hacía frente Notario, con una expresión que quedó grabada en la memoria del cronista: «Tengo la convicción psicológica (...)». En Lugo, tras los últimos y agitados días, también son muchos los lucenses que tiene su particular convicción psicológica acerca del caso de Castro de Rei.

En la capital vienen días de debate intenso a cuenta de la propuesta de ordenanza cívica que prepara el gobierno local. Esta normativa municipal tiene entre sus objetivos acabar con el botellón. Tan seguro está el concejal de Protección da Comunidade, José Rábade , de que será eficaz que se arriesgó a asegurar que, con la ordenanza en la mano, acabará con el botellón en seis meses. A Rábade ya le han llovido críticas desde la izquierda y desde la derecha; desde donde no se oyen críticas al proyecto es desde el sector de la hostelería. ¿Por qué será? Igual es por lo mismo que el gobierno de López Orozco no sabe cómo conseguir que los hosteleros colaboren económicamente a sufragar los gastos que generan el San Froilán y el Arde Lucus. El alcalde Orozco prevé recurrir al mismo sistema que utilizan las comunidades cuando uno de sus miembros ha sufrido un gravísimo revés que lo ha dejado sin recursos: abrir una cuenta y esperar que funcione la solidaridad. Dinero quizá no aporte mucho, pero reír si que se han reído algunos con esta propuesta. Y no está el asunto para muchas risas, que ya lo dijo el propio Orozco en su más reciente encuentro digital, cuando le preguntaron si también este año se celebraría la Ludus Party: «Non temos unha lata ».

Lugo, sí, es ciudad tranquila, de vivir pausado y memoria frágil. Por eso, sus políticos, como Churchill, están convencidos de que son capaces de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo, el año que viene y también de explicar después por qué no ocurrió lo que anunciaron. Como en O Garañón.