«A veces salgo con mis primos para ir al botellón, pero yo no bebo alcohol»

LEMOS

Trabajar e independizarse algún día son dos de los sueños que unen a la decena de adultos con síndrome de Down que ayer se brindaron a compartir experiencias de su vida cotidiana. Acompañados por dos monitores, Francisco, María Jesús, Laura, Sabela, Javier, Saúl y Modesto -Mickel, Isabel y Conchita no pudieron asistir- acudieron pasada la media tarde a la rúa da Raíña, donde se convirtieron en protagonistas.

A pesar de las limitaciones, están acostumbrados a luchar. Reponedor de supermercado, ayudante de comedor, auxiliar en un centro ocupacional... Algunos desempeñan oficios variados. Otros estudian. «Es difícil, pero hay que conseguirlo», destacó lacónico Francisco, de 23 años, que apostilló orgulloso: «También voy al gimnasio». En Down Lugo participan en talleres, como pintura, lectoescritura, logopedia, habilidades sociales, relaciones afectivas y sexo, teatro o cocina. ¿Qué han aprendido a hacer? «Aguacates rellenos, sándwich vegetal y mixto, bizcocho de yogur, mousse de plátano...». Por lo que relata María Jesús, de 33 años, la lista es tan amplia como sabrosa.

Una confesión

Como cualquier persona, quien tiene Down tiene dudas, alegrías, temores, sueños... El de Sabela (19 años) es trabajar como dependienta en el negocio familiar. «Recambios y maquinaria Agromar, en Puebla de San Xulián», publicita tímida. Saúl (19 años) hace una confesión: «A veces salgo con mis primos para ir al botellón, pero yo no bebo alcohol». Hombres y mujeres del siglo XXI.