La suave oposición de Lugo

LEMOS

Populares y nacionalistas no acaban de encontrar la línea de trabajo en el Concello para desgastar al gobierno socialista

17 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Lugo, qué duda cabe, es una capital tranquila, serena, de ritmos lentos y tiempos largos. Lugo tiene, como corresponde a una ciudad así, una oposición municipal suave, de baja intensidad y con frecuencia un punto chusca. Es una oposición que sólo muy de cuando en cuando encuentra motivo en la gestión del gobierno local para ejercer su papel con alguna contundencia. En el plácido ambiente político de la casa consistorial, el único peligro inmediato para el alcalde López Orozco está en su propio entorno, mayormente por la irrefrenable tendencia a la desaparición de la escena pública que parecen sufrir algunos de sus ediles. La oposición, es decir, los grupos del BNG y del PP, tiene, quizá, una rica vida interior, una animada conversación con ella misma, una búsqueda incesante de su propio yo político acogida al verso de Machado: «(...) yo vivo en paz con los hombres / y en guerra con mis entrañas» . Y Orozco, feliz.

Hay en la oposición municipal concejales veteranos, de larga trayectoria, a los que, sin que se sepa muy bien por qué, ataca la pájara del edil. Hay otros muchos que llegaron de refresco en este mandato y a los que a estas alturas se les ve también desfondados, desnortados, carentes de guía y flojos de fuerzas. En el BNG, la pérdida de la Xunta, y la larga búsqueda de sí mismo en que lo sumió, podría explicar la aparente apatía en el combate político al gobierno local. ¿Qué fue del espíritu combativo de Xosé Anxo Lage y de Paz Abraira ? ¿Qué se hizo de aquella línea de trabajo en la que la denuncia y la crítica eran piezas fundamentales? Quizá en plena reflexión interna, el Bloque vive en el sinvivir de saber que si carga las tintas contra los socialistas de Orozco puede ayudar a devolver la alcaldía al PP. Encerrados en su laberinto, los nacionalistas buscan una salida. Al menos en el ámbito local aún no parecen haberla encontrado; la salud del sistema requiere una rápida recuperación de las energías nacionalistas.

En las filas del Partido Popular se pone de manifiesto que la conjugación de la portavocía del grupo, que recae en Joaquín García Díez , y el desempeño de otras responsabilidades institucionales fuera del municipio constituye un peligroso ejercicio de funambulismo político. No hay equipo que resista las ausencias reiteradas de su capitán. En situaciones así, cada jugador diseña su propia estrategia y el resultado final es una melé, una carrera hacia ninguna parte bajo la mirada sonriente y complacida del gobierno local. El presidente provincial del PP, José Manuel Barreiro , concejal también, está a tiempo, a estas alturas del mandato, de corregir lo que dentro de unos meses quizá ya no tendrá arreglo. En las filas del PP lucense hay ediles que libraron duras batallas políticas y que se han encerrado en un ruidoso silencio. ¿Por qué? Quizá por lo mismo que deja de avanzar el soldado cuando no ve a su capitán en primera línea. Es seguro que el funcionamiento del grupo no será el mejor si los ediles que buscan el cuerpo a cuerpo político con el gobierno reciben el mismo trato que los que ven pasar ante sí llamativos decretos y facturas sin intuir siquiera su relevancia.

Lugo, sí, es una ciudad, tranquila, serena. También la provincia es así. Por eso hay algún alcalde que cobra lo que cobra mientras los administrados miran para otra parte y guardan el silencio de los corderos. Por eso los ciudadanos sufren como inevitables las demoras en la ejecución de obras; por eso toleran que elección tras elección figuren en la oferta partidista los mismos proyectos, los mismos compromisos. Por eso también acuden puntuales a ingresar sus tributos mientras ven como una gran parte de lo recaudado se esfuma en forma de dípticos, trípticos, cartelones y propaganda varia; en cajitas con confeti y condones, en cátering y celebraciones absurdas. Quizá porque donde hoy son oposición ayer fueron gobierno o aspiran a serlo, los partidos a los que las urnas sitúan fuera del poder juegan sus cartas según sus propias conveniencias y compromisos; según convenga a sus internos movimientos y equilibrios de poder. Por eso, en la capital de ritmos lentos y tiempos largos que es Lugo, el alcalde Orozco recorre su tercer mandato sin más sobresaltos que los que le dan los suyos. Por eso se puede tomar con calma la necesaria remodelación de su gobierno. Por eso, en el páramo desolado que es la oposición, los partidos, como el poeta, corren el riesgo de vivir en guerra sólo con sus entrañas, para prosperidad del gobierno.