La voluntaria leonesa Amelia Castellanos visita una vez a la semana a una lucense de 97 años, dentro del programa de asistencia domiciliaria de Cruz Roja en Lugo
14 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Se llama Amelia Castellanos Juan. Con 54 años cumplidos ha dedicado más de media vida a la crianza de sus tres hijos, primero, y de una nieta, después. En este tiempo el trabajo de su marido la ha llevado de un lugar a otro. Continuamente. Arteixo, Viveiro, Lugo o Ponteareas son solo algunas de esas paradas intermedias en las que la familia ha permanecido desde unos meses a varios años. «He empezado una y otra vez desde cero», comenta esta ama de casa leonesa, que hace ahora doce meses dio un giro a su vida. Decidió destinar a los demás una parte de su tiempo y comenzó a colaborar con Cruz Roja.
En la actualidad, una vez a la semana da compañía a Nieves, una lucense de 97 años, que vive con dos nietos y una bisnieta. «Tiene la parte derecha del cuerpo casi paralizada y no puede salir, pero de cabeza está genial», indica Amelia. La anciana se encuentra bien, pero el trabajo y las ocupaciones de sus familiares la obligan a pasar sola casi todo el día. Por ese motivo accedió al programa de Ayuda a domicilio complementaria que tiene en marcha la oficina de Cruz Roja en Lugo.
Desde hace un mes, un día a la semana la voluntaria se desplaza a la casa de Nieves para charlar con ella. Y sobre todo, para escucharla. «Casi siempre te dirige ella la conversación -sonríe Amelia-, te cuenta que está con los nietos porque sus hijos murieron... Entonces le das ánimos», confesó. Y añadió: «Es una señora que debió ser muy activa cuando era joven».
Destaca que la experiencia de voluntariado es muy gratificante para ambas partes. «Nieves te lo agradece una y mil veces, y siempre le digo: 'pero si tú me ayudas a mí tanto como yo a ti'», desveló con emoción la voluntaria. «Es una gozada poder ayudar a otros, es una hora que se pasa enseguida y esa alegría que tiene la otra persona te llena».