Luz E. Rodríguez acudió a Provida al quedarse embarazada sin desearlo
27 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Tenía 24 años, hacía diez meses que había llegado de Colombia a Lugo, no tenía papeles y tampoco trabajo estable. Y en ese momento, el verano de 2003, Luz Elena Rodríguez supo por experiencia que formaba parte de ese 1% de casos en los que la píldora no es eficaz. ««Cuando me dijeron que estaba embarazada me hice la prueba en varios sitios porque me repetía de continuo: ¡no puede ser! Pero era», explicó ayer por la tarde ante un refresco. «Desesperada... La verdad es que hubiese podido hacer cualquier cosa de cómo estaba», aseguró, matizando que, a pesar de todo, nunca pensó en el aborto como una posible salida.
Pero aunque ella no lo hiciera, su pareja sí. «Me decía que él podía darme para el aborto, que podía buscarme una clínica y a mí me dolió porque antes yo había tenido otros problemas y nunca me ofreció nada. Y yo dije, ¿ah, y para esto sí tienes? Pues no te preocupes, la próxima vez que me veas, estaré con mi hijo y estaré bien» explicó. La pareja se rompió -pero tiene contacto con el niño- y fue entonces cuando apareció la asociación Provida.
Rodríguez explicó que fue muy casual, ya que «quince días antes de enterarme de que estaba embarazada, paseando por la estación de autobuses, vi un cartel en el que se hablaba de un bebé en gestación. No sabía lo que era, pero me llamó la atención y grabé el número en el móvil. Entonces, como estaba sola y desesperada de verdad, llamé».
Cogió el teléfono la responsable lucense del colectivo, Carmen Sáenz, «que insistió en que nos viéramos. A mí me pareció muy raro y pensaba «¿será que quiere mi bebé para que se lo regale?».
Rodríguez ya estaba de varias semanas cuando se reunió con la responsable de Provida y supo a qué se dedicaba la asociación. «Carmen me explicó que lo más importante era que no abortara y, sobre todo, recibí apoyo económico y compañía» cuenta. Para lo primero, le proporcionaron una máquina de coser, con la que fue haciendo arreglos de ropa a talleres, personas conocidas y también cortinas para una tienda de decoración. En lo demás «simplemente se preocuparon de que estuviera bien» dice.
Santi cumplió seis años el pasado 5 de febrero y su madre es completamente autónoma, pero sostiene que «tener un hijo sola aquí es muy difícil. Yo no es que sea una heroína. No tengo ni más ni menos dedos que nadie. Solo digo que se puede hacer».
Cuestión de madurez
En Colombia, la educación sexual se imparte como materia en el colegio «por lo que yo sabía todo sobre el embarazo, el parto y por qué me había pasado. Y asumí las consecuencias».
Rodríguez tiene ahora 30 años y cree que «hay muchas formas de evitar un embarazo: hay preservativos, está la píldora, la del día después». Justifica su rechazo al aborto por cuestiones familiares («mi madre me hubiera matado»), religiosas y de madurez. «Yo veo que a los 15 y 16 años los jóvenes duermen juntos y las familias lo saben. Eso es una relación de pareja» comenta subrayando que hay «información suficiente, pero falta que se le preste atención».
Después de este tiempo, sigue estando en contacto con Provida, ha facilitado el teléfono de la asociación a otras personas y explica que, si puede, acudirá a la concentración del domingo.