Un sencillo recorrido de unos dos kilómetros permite conocer el valioso patrimonio paisajístico e histórico de una de las zonas más típicas del municipio de O Incio
04 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Los parajes que rodean la aldea de Goó destacan por su especial valor paisajístico. Extensos bosques de robles y castaños configuran uno de los espacios más típicos del municipio de O Incio, que además se caracteriza por poseer unos importantes elementos patrimoniales, como son la iglesia de Santa María y el castro de Goó. Una ruta a pie de apenas dos kilómetros permite conocer estos atractivos.
Para llegar al punto de partida de la ruta hay que salir de la capital municipal, A Cruz do Incio, por la carretera que conduce a Rendar y Oural. En el kilómetro 6,5 hay que tomar un desvío a la izquierda. El pueblo de Goó está solo a un centenar de metros del cruce. El recorrido comienza en la iglesia parroquial, situada a unos trescientos metros de la aldea, junto a la carretera que lleva a Rubián.
La iglesia fue originalmente un ejemplar del románico rural tardío, construido a finales del siglo XII. La fábrica original se conserva en bastante buen estado, pero los elementos decorativos propios de ese estilo están casi totalmente ausentes, lo que confiere a la construcción una factura humilde. En el interior del templo, la atención se concentra en un llamativo retablo mayor policromado, una obra de estilo rococó del siglo XVIII que ocupa toda la superficie interior del ábside. Entre sus numerosos motivos decorativos sobresalen las imágenes de san Juan, santa Bárbara, san Froilán y san Sebastián. La iglesia también alberga dos retablos datados a mediados del siglo XVIII.
A mitad de camino entre la iglesia y la aldea de Goó se ubica la casa de O Cruceiro, dedicada actualmente al turismo rural. Antes de continuar la ruta merece la pena efectuar una breve visita al pueblo, que destaca por una importante concentración de hórreos, en su mayoría bien conservados.
Ascenso al castro
Para seguir el recorrido hay que ir a la parte alta de la aldea, a la altura de la fuente de Outeiro. Tras pasar junto a las últimas viviendas, el camino -ancho y asfaltado en este tramo- empieza a ascender en dirección al castro. La senda, originalmente una típica corredoira, discurre encajonada entre paredes de tierra, entre robles y castaños en muchos casos centenarios.
En el kilómetro 0,8 hay que dejar el asfalto y e desviarse a la izquierda por una pista de tierra. Ahora la pendiente se vuelve menos acusada y se hace por tanto más llevadera. Unos trescientos metros más adelante aparece un cruce de caminos. El ramal de la derecha lleva a la aldea y a la cueva de Bermún, situadas a unos setecientos metros de este cruce. Para visitar el castro hay que tomar el camino de la izquierda. Al cabo de unos seiscientos metros, la pista llega a la altura de una extensa pradería en cuya parte alta se distinguen los restos del antiguo asentamiento.