La áspera polémica del Consorcio

La Voz

LEMOS

El gobierno local lucense abre nuevas vías en la pugna con Vicepresidencia por la financiación de las escuelas infantiles

23 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Las relaciones entre instituciones resultan con frecuencia un ameno entretenimiento para el contribuyente. El ciudadano alcanza a menudo, como justa contraprestación a sus desvelos tributarios, el derecho a asistir a un chusco espectáculo de amores y desamores institucionales, a un juego político en el que nada es lo que parece y lo único cierto es la desazón que la farsa provoca en el espectador. El culebrón del desencuentro entre Vicepresidencia de la Xunta y el Ayuntamiento de Lugo, a cuenta del Consorcio Galego de Servizos Sociais, es sólo un reflejo más de la profunda brecha ideológica que en algunos asuntos separa al nacionalismo que representa Anxo Quintana del socialismo que encarna José López Orozco .

La farsa del consorcio encubre una pugna por el control de guarderías y centros sociales, entendidos como recursos electorales, pero también un pulso entre dos maneras de pensar el mundo; en última instancia, tal vez no es más que un minúsculo episodio, uno más, en la vieja batalla entre nacionalismo e internacionalismo, resumida hasta el esquema en la defensa o el rechazo de lo que representan hoy y para el futuro las galescolas. Sólo en la lectura profunda encuentra explicación el conflicto, que deja al descubierto el difícil encaje de las piezas que componen el gobierno de Galicia. Tan difícil como fue encajar los intereses socialistas y nacionalistas en el primer gobierno local presidido por López Orozco. A unos y a otros les resulta mucho más cómodo, ante el público, mantener esta polémica en el campo de la gestión, de la autonomía municipal y de los mil farrapos de gaita de la proximidad al administrado.

Socialistas y nacionalistas comparten poder en Galicia y, ocasionalmente, se entretienen en ser, por turnos, oposición a la otra parte del gobierno. En la farsa, el tercer personaje sobre el escenario aparece difuminado, es poco más que una sombra que retrocede apenas iniciado el avance hacia el público. El PP que en Lugo pilota J osé Manuel Barreiro parece no encontrar materia para la práctica política en el conflicto del Consorcio, quizá porque no se siente seguro en el resbaladizo campo del debate de fondo que subyace tras el término galescola.

Barreiro, lanzado a fondo en la operación de reforzar a su partido para la dura prueba de las elecciones autonómicas, no acaba de afinar la maquinaria popular a la hora de fijar objetivos. Con alguna frecuencia, en el trabajo de relojero que lleva a cabo el líder popular, alguien pone arenilla entre las ruedas. Las recientes informaciones, originadas fuera de Lugo, sobre la posibilidad de que figure en la lista por la provincia el diputado nacional y concejal Joaquín García Díez ha encendido más de una luz de alarma en el seno de la organización. ¿Quién está interesado, se preguntan no pocos afiliados, en marcar el camino a Barreiro? ¿Hay quien teme que el de Lugo intente mover la silla de Alberto Núñez Feijoo si las urnas no le son propicias al PP? ¿Pretende alguien crear recelos entre García Díez y Barreiro? Todo son quinielas, las habituales quinielas en vísperas de la conformación de listas electorales, dijo Barreiro y no le dio más importancia. Y seguramente tiene razón, como la tienen quienes creen que García Díez es ajeno al lanzamiento del globo sonda sobre su posible integración en la lista de las autonómicas.

También hay quien lee en los posos de las recientes elecciones para la dirección popular en Chantada síntomas de un mar de fondo que se agita en el PP lucense más allá de Chantada. Ganó Susana López Abella , pero el presidente saliente, el ex alcalde Manuel Lorenzo Varela es un rival correoso que aún no ha dado por perdido el pulso y espera el resultado de las alegaciones que tramitó ante el correspondiente órgano del partido.

En las batallas dentro de los partidos políticos y en las relaciones institucionales es cada día más evidente que sigue vigente la marxista advertencia de que el ciudadano (el obrero, decía el pensador) «tiene más necesidad de respeto que de pan». En el seno de los partidos y en las relaciones institucionales, la farsa entretiene mucho al contribuyente; pero hay síntomas de que la paciencia ciudadana, ahora que la crisis amenaza tantos puestos de trabajo, mengua con rapidez. También en Lugo conviene a los actores acogerse al aviso de Gracián: «Es cordura provechosa ahorrarse disgustos. La prudencia evita muchos».