El campamento urbano de Cáritas nació a principios de la década de los noventa como un proyecto integrador «cuando empezaban a venir inmigrantes a Lugo». «La Iglesia tenía que estar ahí», subrayó Begoña Buide, voluntaria desde hace tres lustros del programa de infancia y juventud que tiene en Lugo Cáritas Diocesanas.
«Primero hubo que hacer un anteproyecto y después un proyecto», comentó la joven, que antes de colaborar con Cáritas estuvo en Franciscanos.
Según afirmó, incluso en los juegos que organizan para niños y adolescentes es fundamental dejar al margen «la competición» para fomentar «la cooperación», con el objetivo de que «las personas se valoren a si mismas».
Nada económico
Buide explica que los campamentos urbanos de Cáritas «cogen a gente de cualquier credo»; si bien, comenta que «la perspectiva de Cristo» está siempre presente, «aunque no se trabaje directamente con ella». Ese «fondo», «en el que no hay ningún tipo de contraprestación económica», es el que «mueve» al voluntariado de la entidad, destacó la joven.