El consejo regulador de la Ribeira Sacra recuerda a la Xunta que los quitamiedos especiales para paisajes de interés son de uso común en numerosos países
21 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La carretera que comunica Suiza e Italia a través del paso del Gran San Bernardo es una sucesión de paisajes de postal. La gran altitud y el duro clima de los Alpes mantienen los parajes que se ven desde el coche a salvo de desastres urbanísticos. Todo parece muy cuidado, también la elección de las vallas quitamiedos. La parte más visible está recubierta de madera. Por detrás y por dentro son metálicas, pero están pintadas con un tono cobrizo idéntico al de la madera frontal. Las vieron los integrantes de una de las expediciones que en los últimos años hicieron bodegueros y viticultores de la Ribeira Sacra al italiano valle de Aosta, una de las capitales europeas de los vinos de montaña. El presidente del consejo regulador, José Manuel Rodríguez, las puso como ejemplo de lo extendido que está en Europa el uso en las obras públicas de materiales respetuosos con el paisaje. «Temos fotos nas que se ve o teléfono do fabricante, por se na Xunta se queren poñer en contacto con eles», ironizó, en referencia a la negativa de la Consellería de Política Territorial de utilizar vallas especiales en el tramo de la carretera de Monforte a Castro Caldelas que pasa por los espectaculares viñedos de Doade.
Los quitamiedos de madera del Gran San Bernardo protegen un tramo de aproximadamente cuatro kilómetros de carretera. Pero es cierto que no son una excepción. Los hay, del mismo modelo o similares, en numerosas carreteras de montaña de toda Europa. Pero también más cerca. En la subida a los lagos en Asturias, en el parque natural extremeño de Monfragüe o en los Pirineos.
A José Manuel Rodríguez le parece una vergüenza que la consellería eche mano del argumento de la seguridad para justificar su negativa a colocar en Doade vallas que no estropeen el paisaje. «¿Como poden dicir que non hai outro tipo de quitamedos, ou que os que hai non son seguros?», se pregunta. Rodríguez recuerda el caso de la bodega Rectoral de Amandi, que tuvo que recubrir con madera los quitamiedos metálicos que había colocado en sus accesos porque se lo exigía la Dirección Xeral de Patrimonio. «Resulta que unha consellería lle pide unha cousa a unha empresa e despois vén outra consellería e di que iso non cumpre coas normas de seguridade básicas; será que pola rectoral só pasamos os viticultores e non importa tanto», dice con ironía.
El responsable del consejo regulador recuerda que la Consellería de Política Territorial pudo empezar las obras de ampliación de la carretera de Castro Caldelas sin necesidad siquiera de pagar expropiaciones porque los propietarios de las viñas cedieron gratuitamente el terreno necesario para suavizar curvas y hacer la calzada más ancha. «Os viticultores somos os que sostemos a paisaxe, e obrígannos a aceptar certas normas, a veces extraordinariamente estrictas, para aminorar impactos visuais, así que non podemos entender que a un departamento da administración non se lle aplique o mesmo criterio», afirma José Manuel Rodríguez.