«Aquí xa non queda nada; case non nos fan caso»

X.M.P.

LEMOS

El centro de Abadín está atravesado por la N-634. Cualquiera que pase por la carretera unas cuantas veces se familiarizará con la imagen de la casa consistorial, del CEIP Iglesia Alvariño o de diferentes negocios situados en la travesía de la carretera Irún-Santiago. Si se fija en un edificio en construcción situado en el acceso a Gontán y pregunta, sabrá que es el nuevo consistorio.

El centro de la villa era ayer el centro de unas protestas que reunían a jóvenes y adultos. Mientras niños y padres mostraban pancartas y coreaban eslóganes, unos vecinos comentaban la conveniencia de organizar actos de de este tipo. Uno se inclina por el escepticismo, y otro le replica, rápido pero tranquilo: «E logo, que han facer?».

La conveniencia de expresar la protesta y el malestar parece superior a la convicción de lograr algún resultado. Irene Chao, vecina de la parroquia de Abeledo y madre de un niño que estudia Primaria, no entiende que se traslade a los chavales a otras poblaciones: «Habendo aquí colexio, é algo vergonzoso». Opina que la conclusión, de consumarse la medida, será que el municipio se quede sin otro servicio. «Aquí xa non queda nada», explica. Por no quedar, no parece quedar ni probabilidad de lograr algún resultado con esta protesta: «Case non nos fan nin caso; pero a esperanza -dice- é o último que se perde».

Inconvenientes

A su lado está Elia Barja, madre de un niño de Primaria y de una niña de Infantil y vecina dela parroquia de Quende. El traslado le parece tan negativo que no le ve ningún lado positivo: «Todo son inconvenientes», afirma. Por un lado, predice que los chicos saldrán más temprano de casa para volver más tarde. Por otro, reconoce, cuando se le pregunta por esa posibilidad, que el contacto de los chavales con el entorno será menor si pasan menos tiempo en su parroquia. Eso sí, contesta con una pregunta: «¿Que contacto han ter se chegan de noite?».

Cuando la protesta ya ha terminado, las aulas vuelven a llenarse y la N-634 recupera el tráfico normal, una vecina del municipio -Virginia Requeijo, residente en la parroquia de Cabaneiro- se pregunta: «Estes nenos pequenos, onde van ir?».

Esta abadinense, que tiene un hijo pero ya adulto, se lamenta de las sucesivas supresiones que ha sufrido el municipio: «Quítannos todo: os médicos, a Extensión Agraria...», dice.