La única vez que Antonio Río abandonó su pueblo natal durante una temporada fue cuando hizo el servicio militar, «porque daquela había que ir». Estuvo en Santiago y asegura que tuvo «boa posición, porque estiven de barbeiro e relacionábame bastante ben». Aunque nunca se dedicó profesionalmente a ese oficio, tras regresar de la mili, como no había barbería ni en Pedrafita, le tocó a él hacer el trabajo. «Houbo veces que lles cortaba o pelo a doce ou catorce mozos, porque viña acostumado e quitábao ben».
Afirma que la afición a brindar no la heredó, aunque su padre decía alguno. Simplemente «saíume de dentro, porque isto non se aprende e ten que ir no cerebro e no sangue». «Eu antes era soldado e agora son comunista/ querialle preguntar por que me fai a entrevista». Cuando había bodas, que eran todas en las casas, le gustaba ver «brindar o tabaco», práctica que tenía lugar hacia la noche.
Con doce años comenzó a brindar él u le salió parroquia. «Había moitas que non levaban música e dicían 'se vai Ribeira non fai falta música', porque daquela se facía falta tamén cantaba». Según cuenta, hubo noches de muchos brindos y memorables, que hoy le agradaría tener grabados.