Un matrimonio inglés decide instalarse en la comarca renunciando a una casa que tenían en Andalucía. Aseguran que su relación con Galicia fue un flechazo
08 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Antonhy Towsend y Barbara Neil no son un matrimonio inglés que responda a los arquetipos de amantes de la cerveza y del sol tan extendidos a sus miles de compatriotas que escogen el Mediterráneo para pasar sus vacaciones o quedarse a vivir.
Esta pareja de empresario y funcionaria de la ciudad industrial de Northampton a 100 kilómetros de Londres y muy próxima al circuito de Fórmula 1 de Silverstone está a punto de jubilarse y han elegido la comarca para su retiro dorado. De momento residen en un piso alquilado, pero su intención es adquirir una casa en la comarca.
Hace años adquirieron una casa en Lepe, pero ahora lo cambiaran por Sarria por unos motivos que explican con humor británico. «Este lugar es mucho más verde y más bonito y, sobre todo, no hay ningún inglés», dicen al unísono y con una gran carcajada.
Esta afirmación no es del todo cierta, ya que encontraron un ex residente en la Gran Bretaña. «Estábamos tomando un café en Sarria y le dije a mi marido, conozco a ese hombre. Él no me creyó pero fuimos hablar con él y resultó ser un sarriano que vivió muchos años en Inglaterra y que colaboraba en un programa de televisión», dice Barbara Neil. El inglés en cuestión es José Luis Montero, que vive en Sarria hace muchos años tras una prologada estancia en Londres de la que sólo conserva su pasión por el Chelsea y la pronunciación inglesa.
La pareja descubrió Galicia, como no podía ser de otra manera, haciendo el Camiño Francés. «El primer contacto fue en un libro y luego decidimos hace el Camino. Una vez que llegamos aquí y vimos como era esta tierra podemos decir que fue un flechazo y no tuvimos ninguna sobre nuestro futuro destino en el momento en el que nos jubilemos».
El carácter de la gente fue otro de los factores que les ayudó a decantarse por este lugar. «Aunque tenemos la barrera del idioma por no conocer nada de español hasta el momento, la realidad es que aquí nos sentimos queridos. A los pocos días de vernos la gente por la calle ya nos saludan. Además el ritmo de vida aquí es muy tranquilo, nada que ver con los agobios y la manera de hablar a gritos de la zona del Mediterráneo. Nos fastidia que puedan pensar que somos maleducados por no hablarle a la gente, pero pronto aprenderemos castellano».
Las costumbres de los gallegos despertaron admiración en este matrimonio. «Aquí todavía se respeta a la gente mayor, todo lo contrario que ocurre en nuestro país. En los bares todos están juntos y van en familia y allí no y aquí todavía hay comercios pequeños en los que hablas con la gente, algo ya perdido en Inglaterra. Tampoco aquí hay violencia y se mantiene una gran calidad de vida», dicen con cierta nostalgia.
El apartado gastronómico también ha tenido mucho que ver y de hecho entre las pocas palabras que conocen del españolo están jamón y lacón. «Todo cuanto probamos está riquísimo en consonancia con la amabilidad y cariño de la gente».