Cruzar los ríos sin vadeadores

Benigno Lázare

LEMOS

La afirmación de que a estas alturas el caudal de los ríos nunca había estado tan bajo es la más empleada. La muestra más evidente es el padre Miño, que va bajo mínimos

15 nov 2007 . Actualizado a las 10:56 h.

¡Quién lo ha visto y quién lo ve! A finales de noviembre del 2006 el Miño iba desbordado, con una crecida que inundaba el lavadero del A Ponte. Los peces podían tomar directamente las beneficiosas aguas termales o curiosear en los bajos del restaurante O Muíño. A los pescadores solo les quedaba la alternativa de lanzar el anzuelo en los prados porque al cauce del río no se podían aproximar ni con vadeadores.

Un año después el lavadero ya no existe, y por no haber, casi ni hay agua. Tampoco este año tienen mucha utilidad los pantalones de goma que llevan los pescadores, porque con unas botas katiuskas de media caña cruzan el Miño por varios lugares, y con un calzado normal pueden hacer lo mismo en la mayoría de sus afluentes.

«Es buen momento para que realicen una operación de limpieza de fondos», decía un paseante hace pocos días, ironizando con que, para sacar neveras, neumáticos o bicicletas viejas del agua ahora podían circular en tractor en lugar de tener que emplear lanchas. De todas formas, a la vista está que en estos momentos no se ven demasiados residuos en su menguado cauce. En todo caso, ya en tierras de O Corgo y Guntín, ayer alguna vaca pastaba plácidamente en los matorrales que ni siquiera en muchos veranos están al alcance desde la orilla.

Claro que el Miño, el más caudaloso de Galicia, a la altura de la ciudad no es un referente totalmente fiable porque, por término medio, la estación potabilizadora se queda con unos once millones de metros cúbicos de agua cada año. Parte de esa cantidad la recupera río abajo, en la depuradora de aguas residuales, pero otra gran parte se la roban el césped de los jardines, los árboles de la ciudad y las verduras de muchas huertas.

«Mire, eu non sei se se respeta o caudal ecolóxico ou non, porque nin teño moi claro que é iso, pero o que sei é que nos 74 anos que teño nunca vin o río tan baixo por estas datas, xa rematando o ano». Quien así se expresaba era un vecino de A Ponte, que ayer se entretenía escrutando los fondos fluviales y que se acordaba perfectamente de que hace casi 12 meses el agua llenaba la mayor parte de los ojos del viejo puente.

Otro viejo puente, el de Portomarín, lleva meses totalmente descubierto, pero en la villa miñota ya no llama la atención poder pasear por las calles del antiguo pueblo. Esa es es una decisión que, al menos hasta ahora, depende más de las decisiones de la empresa que explota el salto de Belesar. Aún sin funcionar a tope, las turbinas son capaces de vaciar con rapidez la presa casi en cualquier mes, si les dan rienda suelta. Este año tienen vacaciones más largas de lo habitual.

Tirada junto al dique, el pasado fin de semana estaba visible una oxidada estructura de hierro, probablemente utilizada en la construcción de la presa. Del otro lado, muchos metros más arriba se asomaba un club náutico que incluso cuando el agua le llega a los cimientos no puede funcionar porque está completamente desvalijado. En Terra Chá, sin embargo, las múltiples lagunas consiguen mantenerse vivas.