Dicen vivir a gusto en la????zona y como prueba de ello traen a sus ??familias
26 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.El equilibrio está en compartir y A Mariña parece haberle devuelto a los inmigrantes la colaboración en mano de obra en sectores como la pesca, la hotelería y la madera. Peruanos, caboverdianos, indonesios, dominicanos, portugueses, brasileños, marroquíes y de otras nacionalidades siguen desde la atalaya mariñana los casos de abusos y ataques racistas de los que son objeto los inmigrantes, el último el de una menor ecuatoriana agredida por un joven en Barcelona. Los consultados por este diario confiesan que aunque los inicios fueron duros -por el idioma y las dificultades para encontrar empleo- la integración sociolaboral es factible en la comarca. Juana Pérez Castrillo lleva dos años y ocho meses viviendo en Burela, adonde llegó reagrupada por la profesión de su esposo: marinero. Es una más de las 300 personas que integran el colectivo de peruanos, que tras intentos fallidos, pondrá en marcha el próximo mes una asociación que los represente: «Yo no me puedo quejar. El trato en la calle es bueno y en el Concello hemos recibido un buen asesoramiento». No obstante, considera que las trabas para acceder al mercado laboral no facilitan la integración real: «Encontrar trabajo es difícil porque las mujeres de marineros que llegamos reagrupadas tenemos que esperar hasta cinco años para tener un contrato, a no ser que los que nos contraten opten por cambiar las condiciones antes de este tiempo». Ivonne Pereira Varela acaba de regresar del trabajo. Es caboverdiana y presidió durante un tiempo la asociación que agrupa a este colectivo. Hace 18 años que llegó a la comarca siguiendo a su marido «que ao principio traballaba na Alúmina». Lo difícil fue enfrentarse al idioma y encontrar una ocupación: «Daquela en Burela non había moito; as mulleres traballaban nas súas casas». De su aterrizaje en recuerda el buen recibimiento y quizás por ello cuando se le pregunta por el último episodio racista conocido se pone en la piel de la joven ecuatoriana: «O racismo nunca se acaba, xa sexas branco ou negro, pero aquí, de momento, nós non tivemos nengún problema». Algunos de los parroquianos de Fazouro llegaron de Marruecos. «Nos sentimos integrados y no hemos sufrido ningún rechazo», dice Adif, que ayer regresaba a su casa focense desde Madrid. Prueba de ello es la disposición de crear una asociación en Foz y los contactos que mantienen con otros colectivos de Galicia. «Hubo problemas al principio, con el trabajo, pero ya los pasamos», indicó.