Vestimentas de la virgen Peregrina

César Carnero

LEMOS

Un terno bordado con sedas monfortinas en el siglo XVII se salvó de ser quemado en su día por la devoción de un cofrade y hoy se conserva en una colección particular

16 ago 2007 . Actualizado a las 11:01 h.

monforte | El año pasado en la Voz de Galicia, por estas mismas fechas, nos hacíamos eco de la tradición de denominar y venerar a la imagen de la Virgen y el Niño de nuestro monasterio de San Vicente de Monforte, con advocaciones diversas sin multiplicar las imágenes: Nuestra Señora de Montserrat, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora de la Esclavitud... Y anotábamos que también se la veneró como Virgen Peregrina. Prueba de ello son las vestiduras del siglo XVII, conservadas en una colección particular monfortina, y que hoy damos a conocer.

El conjunto de textiles que forman esta vestimenta mariana lo constituye por un lado un terno: el manto y el delantal de la Virgen y la pequeña capa del Niño Jesús, que conserva un coleccionista monfortino procedente del mercado madrileño, más los complementos, afortunadamente aún en San Vicente. Entre ellos, bordón de madera dorada, y los sombreros de la Virgen y el Niño, con los emblemas jacobeos de las veneras y bordones. Los textiles están realizados en seda color marfil, ricamente bordada en sedas polícromas de gran calidad, e hilos metálicos (oro y plata), con profusión de flores y elementos vegetales.

Además de su interés como bella muestra del bordado del siglo XVII, hay que destacar el carácter monfortino de las hilaturas de seda empleadas para su confección, prueba de la pujanza de esta industria en los siglos XVI y XVII en nuestra ciudad.

Descubierto en Madrid

El estado de conservación de estos tejidos es bastante deficiente, sobre todo el manto de la Virgen, debido a la profunda oxidación de las fibras, originada por la luz que inundaba el camarín y alguna gotera que contribuyó a acelerar este proceso de envejecimiento. Su degradación fue tal vez la causa de su retirada, entregándose probablemente a algún miembro de la cofradía para ser quemado, como se acostumbraba a hacer con las vestiduras litúrgicas deterioradas y también las imágenes de gran veneración; la persona que recibió este encargo los conservó en su poder como una «reliquia», legándolos a sus descendientes hasta su llegada al comercio anticuario madrileño, donde fueron adquiridos por su actual poseedor.

No creemos que su salida de San Vicente se debiera a la vieja costumbre de llevar un manto de la patrona a los enfermos graves, costumbre de la que aún he sido testigo ocasional. Se llevaría el manto de la Virgen, no las tres piezas.